Pirriacas

Pirriacas

Buscador

Índice de artículos

Archivo por meses

Canal de suscripción

RSS-artículos

Contribuye

Envíanos tu historia por correo en un documento Word, con fotos si quieres, a .

Condiciones: que sea un relato verídico (no de ficción, ni tampoco una mera efusión o apunte), de un folio como mínimo, escrito de modo correcto. Nos reservamos el derecho de editarlo para ajustarlo a la normativa o mejorar el estilo si conviene. No garantizamos un plazo de publicación, aunque trataremos de que sea lo más breve posible.

Apartados: cuando una misma persona cuente con tres o más artículos publicados, le abriremos un apartado propio.

Inicio » Los gatos de María Ra

Pirri, un amigo estupendo

María Ra

Aunque no es difícil que un gato me conquiste, este fue un amor a primera vista, no solo por lo bonito (que lo son todos) sino también por su carácter cariñoso y zalamero.

Leer todo · 19-08-2003

Dumbo, el gato mimosete

María Ra

Era una tarde cualquiera al salir de trabajar. Los cachorros de Mimosa, mi gata callejera más cercana, ya llevaban unos días que salían a comer. Mi hermana y yo nos reíamos un montón pues salían de su escondite a la acera muy queditos, asomaban primero las cabecillas, miraban de un lado a otro y cuando no había "moros en la costa" echaban una carrerilla hacia la comida, cogían un bocado y volando se escabullían de nuevo a su escondite sin soltar el suculento manjar.

Leer todo · 11-09-2002

Sata el ligoncete

María Ra

El primer recuerdo que tengo de Sata es muy vago. Supongo que era uno de tantos gatos que venía a comer en aquella acera de la casa abandonada en donde me había encariñado de Mimosa (la cual venía esporádicamente) y del fiel Leo, que casi siempre acudía a la cita.

Leer todo · 03-09-2002

El inolvidable Tenis

María Ra

Un día un pequeño gatito de menos de dos meses de edad y con apariencia siamesa perdió a su madre, una gata callejera, y se quedó solito, desamparado y con un montón de pulgas.

Leer todo · 15-05-2002

Lamis el encantador

María Ra

Un día, al salir de trabajar, como tantas otras veces, fui a darles de comer a mis pequeños gatos callejeros. De repente un gato atigrado al que no había visto nunca se rozó contra mis piernas buscando una caricia. Cuando acerqué mi mano, él la cogió con sus dos patitas yempezó a lamerlas. ¡¡Qué encanto de gato!!

Leer todo · 06-05-2002