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Para Pooka, por ser un peluche

Avalon

Mi peque Pooka, mi nene tonto, esto va por ti, celosón...

Cuando Pokémon tenía cuatro meses o así, yo había quedado con mi hermano para ir a Oviedo al gran megahipersupercentro comercial que habían abierto hacía poco y donde estaba trabajando mi novio. Al lado de la parada del bus hay una tienda de animales, aunque más bien parece una sala de torturas para los pobres. En una jaula de 1x1 metros de superficie y 10 cm de alto tenían agrupados a cuatro gatitos: dos tabbys, uno blanco y uno naranja. No lo podía soportar. Entré y les dije que quería un gatito. "¿Cuál?", me preguntan. "Un tabby, que sea hembra" (Pokemon era macho y yo quería una hembra para mí).

Según abrió la jaula, todos menos uno de los gatitos se fueron asustados hacia el fondo. "Ese", dije convencida, "si es hembra, claro". El dueño de la tienda se pone a manosear con brutalidad los genitales del pobre gato, y yo por no soportar más los lastimeros maullidos de la cosa enana esa (como lo llamó mi novio) me lo llevé. El pobre tenía tres roturas en la pequeña cola. Tuve que llevarlo en bus, y el pobre estaba muy asustado. Me arañó los dedos, pero al final acabó mamándome el dedo. Mi hermano me dijo que estaba loca. A mi novio no se lo conté, le puse el gato directamente en el pecho y no tuvo valor para echarme la bronca.

El que no se lo tomó tan bien fue Pokemon. Aquella cosa que le seguía a todas partes le sacaba de quicio. Al final se subía a una viga para escapar. Pero le duró poco el consuelo, porque Pooka enseguida aprendió a seguirle ahí también... Eso sí, nunca hubo dos hermanos que se quisieran más.

Venías cuando te llamaba, y dormías debajo de la manta acurrucado contra mi barriga.

Cuando nos mudamos viste tu primer pájaro, en concreto una gaviota. No entendías aquellas cosas que volaban y maullaban. Tú también las llamabas, pero no te hacían caso.

Y entonces llegó Aisea, y yo pasé un poco de ti para dedicarme al peque. Te sentías ignorado, desplazado. Pokemon tenía a Aisea, y Aisea me tenía a mí, pero tú no tenías a nadie. Pero nunca cambiaste, seguías siendo tan bueno y amable como siempre, solo que tus peleas con Pokemon iban más en serio y un día le marcaste un ojo con las uñas. Al pobre le dejaste un glaucoma en el ojo. Pero él te lo perdonó, y supongo que parte de culpa tendría ya que en esa época os llevabais muy mal y él se metía siempre contigo.

Quiero pedirte disculpas por dejarte de lado, por dejar que Aisea me apartase de ti. Y quiero darte las gracias por ser paciente, por saber esperarme, por quererme, por cuidarme, por no pasarte con Aisea, por cuidar de él cuando Kemon no podía. En fin, darte las gracias por estar ahí, aún cuando yo no estaba, y estar todavía cuando encontré el camino de vuelta.

Un beso. Te quiere, Mami (aunque al final resultases ser macho).

05-08-2002