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Una tumoración. ¿Va a morir?

Hilda. Tabasco, México

Desesperación, frustración, tristeza, arrepentimiento: en esos momentos sientes tantas cosas, pero siempre hay una esperanza. Por eso he aquí mi anécdota, para que les sirva si en algún momento su gatito pasa por esto.

Hace un año noté que Nina tenía una pequeña bola en una de sus tetitas y decidí investigar un poco al respecto. Así descubrí que si a un gato le sale alguna protuberancia es algo que definitivamente no está bien. Esa bolita podría haber sido causada por los supresores de celo que desde los ocho meses se le habían suministrado (es un efecto secundario de las hormonas). Es increíble lo rápido que empezó a crecer: de ser del tamaño de un fríjol se volvió como una uva tan solo en una semana.

La llevé al veterinario y me dijo que era una tumoración, que la única forma de saber si era benigna o maligna era extrayéndola, que en mí estaba la decisión de operarla o no, y que tanto podía vivir mucho tiempo así como no. Decidí que al mal paso darle prisa y le tomamos radiografías en una clínica para personas, ya que aquí en Tabasco no hay un solo consultorio veterinario que preste ese servicio. Estuvo chistoso porque había que ir a horas en que no hubiera pacientes, ya que mucha gente es quisquillosa con eso, y acomodar a la gata patas para arriba y que se quedara quieta en una mesa de semejante tamaño fue todo un teatro.

Pero bueno, el veterinario decidió que el tumorcito no parecía estar unido a ningún órgano vital, así que acordamos operarla el siguiente fin de semana; para el día de la operación el tumor tenía el tamaño de una nuez. Fue desesperante la espera, me pareció eterna. Luego tuve que decidir si quería que se quedara en la veterinaria a pasar la noche o si me la llevaba al departamento, y la verdad, entre que estuviera metida en una jaula rodeada de ratones, pájaros, hámsters, conejos y perros, y que estuviera con la familia, pues opté por llevármela.

La pobre todavía estaba aletargada por la anestesia; no entendía por qué se sentía tan pesada e intentaba desesperadamente levantarse, pero las patitas no le sostenían ni para dar un solo paso, tenía los ojitos perdidos y el segundo párpado le cubría hasta la mitad del ojo. Era de llorar verla tan desesperada y me la pasé intentando tranquilizarla para que se quedara quieta, ya que su cortada era de 6 cm de largo y estaba tan fea, toda olanuda, que imaginé que le iba a quedar un bordo horrible. Claro que la naturaleza es sabia, y si no fuera por la falta de la tetilla nadie se daría cuenta de que fue operada.

Tenía que darle de tomar un antibiótico, pero solo lo tomó la primera vez. Para la segunda ya sabía qué era y no hubo poder humano que la obligara a tragarlo, pues regurgitaba la pastilla. También había que ponerle un spray directamente en la herida, pero de plano al segundo día opte por no hacerlo, pues más tardaba yo en echárselo que ella en lamérselo, y cuando intenté ponerle un collar de tipo cono se la pasó caminando hacia atrás y golpeando con todo para tratar de quitárselo. Así que me dije que Dios y la naturaleza decidirían si curarla o no.

Nina se limpiaba concienzudamente la herida, y antes de pensarlo todo estuvo bien; el tumor resultó ser benigno, y ella sigue su vida de lo más lindo, igual de floja y quisquillosa.

Ya se imaginarán que después de eso ya no le quise poner nuevamente supresores de celo y decidí que tuviera gatitos. Se veía chistosísima con todas las tetitas gordas llenas de leche y un lado de la pancita plana, pues es donde no tiene tetita.

Actualmente he decidido operarla para que de plano no tenga gatitos. La verdad es que es la mejor opción que hay, ya que los supresores tienen efectos secundarios, y por otra parte los periodos de celo hacen que los vecinos me odien y me duele mucho dar en adopción a los gatitos (porque hay que darlos en adopción, no regalarlos).

31-07-2003