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Quien me enseñó a expresar amor

Hilda. Tabasco, México

Mi nombre es Hilda. Tengo en estos momentos cinco adorables gatos, aunque al final solo me quedare con tres. Pero de quien les quiero platicar es de Nina, la primera, y la mamá de los cuatro siguientes. Ella es quien despertó en mí los sentimientos mas bellos y me enseñó que el demostrarlos es perfecto, que no es debilidad sino fortaleza, y que existen tantas cosas de que disfrutar en la vida que olvidamos por ser tan cotidianas, como el sol, las flores y las hormigas.

Mi bebé llegó hace tres años. Era primavera y yo esperaba un cachorro (un perro), pero por alguna razón (imagino que el destino) no había modo de que me lo dieran. Una tarde, al llegar del trabajo, me percaté de que algo venía subiendo por las escaleras del edificio junto conmigo: era una bolita café con beige y de ojos azules, y aunque parecía un siamés no lo era pues sus patitas calzaban botitas blancas.

Seguí avanzando y ella siguió subiendo conmigo hasta mi departamento. Por alguna razón la tomé con una de las manos y la metí a la casa, y ahí está desde entonces. Siempre he dicho que fue ella quien me adoptó a mí y no yo a ella. Esa noche durmió enrollada en mi pelo y desde entonces comparte la cama conmigo.

Nina me enseñó lo que es la paciencia; me enseñó la naturaleza, pues me sentaba a verla jugar en el pasto, algo que no hacía desde niña; con ella descubrí la simplicidad de las cosas; me enseñó también a ser responsable, a tener un compromiso, y me dio tanto amor que no me quedó de otra que también amarla.

Es un gato-perro: no sale por las noches, y si sale es bajo supervisión. Se ha acostumbrado a estar sin collar en casa pero si saco el collar sabe que va a salir, o bien es ella la que me trae el collar. No sale aunque la puerta abierta esté abierta; me espera en la puerta cuando llego, y si no entro inmediatamente y me olfatió, me empieza a llamar para que entre. Tiene su bote de agua en el lavamanos, y cuando se le acaba o quiere que se la cambien tira el bote hacia adentro y le da vueltos para llamar la atención de la gente. Solo come croquetas y pollo, nunca me aceptó latas de alimento para gato; ¡ah!, y el pollo tiene que ser la pura carne, pues no tolera los huesos.

Entre ella y yo existe un entendimiento total. Sabe cuándo me siento mal y yo sé cuándo ella necesita más atención de la normal. Somos dos grandes amigas, dos compañeras, y me hace sentir muy feliz su compañía.

Mañana les cuento de sus gatitos: Loco, Katy, Frijol y Tigresa; y de la vez que le estirpamos un tumorcito, y del cambio de casa (se puso nerviosísima). Pero eso será después, porque ya es hora de salir de la oficina y sé que me estará esperando con sus gatitos, que ya empezaron a recibirme en la puerta como ella.

29-07-2003