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Loca, rara y anormal

Irais. Monterrey, México

Este es un pequeño ensayo que hice hace ya bastantes años. Le he añadido algunas cosas y modificado otras por cuestión de estilo, pero de fondo este es mi sentir y creo que el de muchos de ustedes.

Dicen que estoy loca por llorar la muerte de un animal,
porque me duele el abandono, el maltrato y la humillación a que son sometidos,
por decir una oración cuando veo a un perrito atropellado,
por llamarles animales a los hombres que se van de cacería, y por aplaudirle a aquel par, padre e hijo, que cazan con arco y flecha.

Dicen que soy rara por protestar contra la matanza de animales marinos,
por buscar en las etiquetas de los alimentos que los barcos pesqueros se rijan por normas que los protejan,
por no ponerme ni en sueños un abrigo que esté hecho con piel de animal, ni aunque sea lo más delicioso del mundo,
por no usar cremas contra las arrugas que estén hechas usando algo de animal aunque me prometan juventud eterna,
por no tomar pastillas de cartílago de tiburón, ni comer carne de víbora o de venado aunque me prometan curar mis males,
por no ponerme champú de oso, aunque me juren y perjuren que de oso solo tiene el nombre.

Dicen que soy anormal por darles de comer a los gatos callejeros,
por buscar con tanto ahínco balancear la comida de mis mascotas,
por platicar con ellos, por contarles mis problemas, sin temor a la traición,
por evitar pisar a una araña o a una hormiga si se cruzan en mi camino, pero maravillarme hasta las lágrimas de su telaraña o del orden en que avanzan,
porque para mí el ideal de vacaciones seria ayudar a las tortuguitas a ponerse a salvo, nadar con los delfines o ver a las ballenas nacer en febrero en el Mar de Cortés.

Puedo agregar algunas cosas más por lo que dicen que estoy loca, que soy rara y anormal. ¿Y sabes qué? Si es por todo eso, me gusta ser loca, rara y anormal.

Locos, raros y anormales del mundo. ¡Unámonos para hacerlo mejor!

07-06-2002