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Xera, mi puchita preciosa

Ruby

Así es como llamaba a mi gatita Xera, puchita, porque le gustaba mucho chupar mis jerseys como si estuviera mamando (y a mí me encantaba), y preciosa porque lo era inmensamente. Digo que lo era porque hace un mes y poco más que ella se fue por un accidente terrible.

Era buenísima, solo quería estar con nosotros, tenía pasión por sus papis y hermanos, pero esta vez el colarse por la rendija de la terraza de la cocina para ir al comedor le jugó una mala pasada. Yo venía de dar un paseo con mi marido, y cuando vi que no me recibió como siempre en la puerta supe que algo andaba mal.

Cuando te empecé a buscar y no te encontraba no podía con mis nervios. Lo peor fue verte tiradita en el suelo del garaje pillada por la puerta (espero que nadie lo hiciera a posta, porque no entiendo cómo estabas pillada por la puerta, tú eso no podías hacerlo sola), y aun así, como te llamaba tú me contestabas, hecha polvo, pero cuando te cogió el papi en brazos te cambió la cara. Cuanto me alegraba que estuvieras viva todavía.

Hicimos todo lo posible por ella. Aguantó tres días ingresada y llegó el maravilloso día en que nos dijeron que nos la podíamos llevar a casa. –¡Pero cómo, si tiene tres patitas rotas y demás cosas! –dije yo. Pero fue lo más maravilloso que pude hacer, cuidarte y estar pendiente de ti fue para mí un privilegio, mi niña.

Estuvo una semana conmigo y llego el día de operarle todas esas cositas rotas. La operación fue un éxito, yo estaba tan orgullosa de ti, pero cuando te sacaron convaleciente del quirófano ya sabía que algo andaba mal.

Aguantaste un día más, mi puchita preciosa, con la mamá, el papi y los hermanos, y aun así el último día que estuviste con nosotros nos hacías mimos, mi niña... Cuánto te echo de menos. ¿Y dicen que los gatos no entienden de sentimientos? Mi gata me hizo la mujer más feliz del mundo, y me ayudó en momentos de desesperación por una terrible depresión.

Ahora, mi niña, están tus hermanos Gyzmo (que se cayó una semana después de morir tú, pero está bien, le cuidamos mucho, seguro que fue a buscarte); Shia, tu hermana mayor (tu segunda mamá que estaba muy nerviosa cuando te caíste) y tus nuevas hermanas Renis (es la gatita bicolor que estaba en la jaula del veterinario el día en que tu te fuiste, le diste tu ricura y vitalidad) y Runa (me recuerda mucho a ti). Pero ahí no queda la cosa. Tu hermana carnal, que nació en el mismo parto que tú, se ha venido a casa con nosotros y es igualita que tú; la hemos llamado Misha-Xera en honor a ti. Te prometo que la cuidaré tanto o más que a ti te cuidé durante ese maravilloso año y medio de tu vida.

Todo me recuerda a ella, y todavía la llamo. Pero sé que en algún lugar esta ella, y sigue ayudando a sus papis y hermanos. Una vez más le doy las gracias por haberme regalado otras dos semanas con ella (que aunque estuviera malita fueron maravillosas, hubiera estado cuidándola toda mi vida), y prometo que nunca nos olvidaremos de esos ojos azules.

Mi puchita preciosa, no nos abandones. Estés donde estés nosotros nunca lo haremos. Te queremos mi niña.

30-10-2003