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Vuelve

Gemma Atienza. Campo Real (Madrid)

Este relato va dedicado a mi gata Nala, que desapareció a primeros de julio en Campo Real (Madrid) y aún no ha vuelto. He llamado a las veterinarias de la zona, a los centros de acogida, he puesto carteles por todo el pueblo, he hablado con todos los vecinos de la manzana, la he buscado todos los días varias horas, de día y de noche; pero aún no sé nada de ella.

NalaSupongo que habrá gente a la que parezca exagerada e incluso lunática; pero hay que estar en la situación para entenderme.

Para muchos un gato es solo un animal; para mí, es mi amiga incondicional, mi compañera de piso, e incluso como si fuera mi niña; yo la consiento y la educo igual que a un hijo.

También pienso que, dependiendo de la persona, y dependiendo del animal, se establece un tipo de relación u otra. Yo a mi gata la he criado desde que era solo una pequeña bolita de pelo pardo. Solo la tengo desde hace un año y dos meses, pero para mí han sido los mejores momentos de mi vida.

El cariño que puede darte un animal y lo que puede aportar a tu vida son indescriptibles. Sé que son pequeños detalles, y que cuando los tienes cada día parece que no les damos la importancia que merecen; pero os aseguro que cuando un solo día no los tenemos, por lo menos en mi caso, se nos puede venir el mundo encima.

NalaMi gata dormía en mis pies y cuando se acercaba la hora de despertar, un rato antes, se me subía a dormir al pecho y me miraba con esos ojazos verdes tan inteligentes. Venía conmigo al lavabo, a la cocina, al dormitorio, a todas partes... No nos dejaba tranquilos nunca, siempre tenía que venir con nosotros.

No ha habido ni un solo día en que no me haya recibido en la misma puerta, metiendo la patita en la ranura de la entrada. Si las ventanas estaban abiertas y nos veía o nos oía desde la calle, se asomaba y nos maullaba hasta que nos veía entrar al portal, y luego se iba corriendo a la entrada para saludarnos.

Cuando me lavaba los dientes, la cara o las manos, se subía a la bañera y apoyaba las patitas delanteras en el lavabo, para ver cómo lo hacía. Si me duchaba, me esperaba subida en el cesto de la ropa sucia.

Si pasábamos más tiempo del que ella quería fuera de casa, nos llenaba la casa de papel higiénico, gastando todo el rollo... ¡Cuánto daría yo por encontrarme ahora el rollo totalmente desecho en pedazos por el suelo de la casa!

Solo llevo cinco días sin verte y ya me muero de la pena... Todo me recuerda a ti, tus juguetes, tus casitas de juegos, el armario donde guardo tu comida y tus chuches, el cesto de la ropa, mi cama, los sofás, las ventanas...

NalaNo puedo ni hacer la cama sin llorar, porque me acuerdo de que cada día te metías entre las sábanas y jugábamos sin parar de reír... Y si llego a casa y abro la puerta, como no te veo recibirme como siempre, me pongo a morir...

Todo el mundo dice que vas a volver, pero tú nunca te has ido; no eres como los demás gatos, no puedes estar tanto tiempo sin vernos. No puedo dormir pensando dónde estás, qué te ha pasado y si estás bien...

Te necesito en mi vida, cariño. Vuelve a casa con nosotros. Desde el momento en que te fuiste te llevaste mi alegría y una parte de mi corazón.

26-07-2009