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Triste historia con final feliz

Gemma

A mi ahora gata Nini la abandonaron muy pequeña –apenas tendría un mes–, y junto a ella a su hermanito. No es una gata de raza, es una romana a rayas como tantos gatos que se ven por las calles. No sé por cuánto tiempo vagaron solos y hambrientos, una semana quizás; el caso es que cuando los encontró mi padre no pudo evitar sentir una pena inmensa por ellos, ya eran pura piel y hueso con una cabeza enorme.

Mi padre dice que jamás había visto a unos gatitos en tan mal estado de desnutrición. Se los llevó con él y les dio de comer y beber. Nini comió y bebió, pero su hermano prefirió echarse a dormir en la manta que les preparó mi padre. Nini comió mucho y se echó junto a su hermano a dormir, pero por la mañana solo ella despertó. Su hermano murió esa noche y ella seguía echada junto a él.

Así que se quedó sola, o eso creyó ella, ya que, como podéis adivinar, mi padre se la quedó. Lo que no esperaba Nini es que la perra que también teníamos la iba a adoptar e iba a ser su mamá. A la perra también la habían abandonado cuando era pequeña y la habíamos adoptado también.

La perra dormía y comía con Nini, e incluso, como mamá adoptiva, se encargaba de su aseo. Si algún perro intentaba acercarse a Nini, la perra, que era de gran tamaño, se la ponía entre las patas y gruñia. Cuidó muy bien de ella.

Pero la naturaleza curiosa de Nini le jugó una mala pasada. Un día se escapó a una nave vecina y se quedó allí encerrada, con tan mala suerte que esa noche robaron allí. Se ve que se acercó a los ladrones, que la cogieron y la lanzaron contra una pared, con la consecuencia de una rotura de fémur, pelvis y cadera.

Cuando la encontraron mal herida llamaron a mi padre, que en brazos la trajo a casa. Lo peor es que no podía ni caminar. Si necesitaba orinar o defecar maullaba para que a brazos la llevasen a la arena, y cuando terminaba volvía a maullar para que la devolvieran a su mantita.

Tres operaciones necesitó, tres meses sin poder caminar. Fijadores, hierros, una reconstrucción de pata y cadera... Mucho dolor. Desde aquel día no le gusta que una persona de pie la coja en brazos, y se echa a temblar. Sin embargo, cuando estas sentado sí que te lo permite. Mucho dolor y sufrimiento en sus solo siete meses de vida.

Pero el tiempo pasó y poco a poco se le curaron las heridas y volvió a caminar al cabo de una lenta recuperación. Hoy en día es una gatita feliz y bien cuidada. La única secuela física es que no se puede sentar como un gato normal y se le queda la pata estirada. Y lo mismo para hacer sus necesidades, ya que un hierro le cruza la pata para mantenérsela unida a la cadera.

Hay gente muy mala capaz de abandonar y herir a un pobre animal que solo da cariño y no pide más que una caricia para ser feliz.

Gracias por leerme. Saludos.

04-03-2012