Inicio » General » Toonces fue un gran amigo

Toonces fue un gran amigo

Ada

Este es un pequeño homenaje a un gran amigo que no solo me regaló los momentos más felices de mi vida, sino que también me enseñó a vivir mejor. Toonces partió a un emocionante viaje sin fin, pero de cuando en cuando nos visita. Te quiero mucho, amigo.

Toonces fue un gran amigo, compañero, hijo..., todo lo que una mascota puede ser y más. Sobre él había muchas teorías; la que me pareció más acertada fue que había sido enviado desde la Luna para estudiar a los humanos y ver qué tan compatibles somos. ¡Mi hermano asegura que sus fines eran macabros! Yo creo que solo quería saber qué tan buena era la comida y qué tan cariñosos los amos.

A Toonces estas cosas le gustaron mucho, pero no debía perder de vista sus obligaciones con la base y así, por las noches, subía a lo más alto de la casa a contemplar la Luna, desde la cual recibía indicaciones, según mi hermano. Pronto se hizo con un prototipo de nave espacial, que escondía bajo la apariencia rudimentaria de una caja de zapatos en cuyo interior pasaba gran parte del día, mirándonos atento, como si no quisiera ser descubierto, pues era una agente secreto... Luego se hizo con una nave más compleja de tecnopor, con una forma más aerodinámica...

Una de las tareas de Toonces era pedir energía prestada a los demás, sobre todo a mí, que se la daba con gusto. Pero un día se empachó de energía y enfermó. Nadie encontraba la cura, puesto que no era un gato cualquiera. Por fin, gracias a la intervención de otra gran persona –quizás enviada de su planeta–, Toonces logró curarse y pudo en adelante vivir días muy felices, en los que, concluidas ya sus tareas de investigación y recolección de energía, se dedicó a vivir como los gatos comunes, cazó muchos ratones y durmió mucho sobre el televisor.

Toonces fue un gran amigo. Siempre me miraba desde lo alto del ropero, siempre desde lo alto, porque ese era su dominio. Lastimosamente las alturas lo traicionaron. Una mañana muy temprano vino a visitarlo un gato sombrío, quizás un alto mando de esos que son inflexibles, que ya desde su infancia venía a reprenderle y a hostigarlo. Y como ya le había advertido a Toonces varias veces que debía volver a la Luna, no esperó más y lo llevó a un alto techo vecino (una base secreta de este gato) y ahí desde lo más alto lo obligó a descender.

Toonces sufrió una herida de la que no había rastros externos. Yo no lo sospeché, el gato mayor se aprovechaba de mi ingenuidad. Dejé descansar a Toonces en el sillón y esperé a que se mostrara aliviado para sacarlo de casa y llevarlo al doctor; porque, eso sí, Toonces tenía mucho miedo de salir de la casa e ir al doctor.

Por la noche su mirada era muy dulce, nostálgica; me miraba con las pupilas dilatadas y la cabeza recostada sobre el sillón. Parecía cansado y yo estaba muy preocupada. Al día siguiente muy temprano lo llevé donde Alicia, su veterinaria, que lo encontró muy mal y me pidió que lo dejara con ella. Lo hice y más tarde se programó una operación que podría salvarle la vida, pero él ya no podía continuar aquí. Camino al doctor me miraba tranquilo pero con una interrogante en su expresión... Era un "¿Ahora qué vas a hacer?" "Obvio", le respondí, "curarte". Su mirada seguía siendo la misma.

Esa noche Toonces no volvió a casa, no a nuestra casa... Toonces volvió a su antigua casa, la Luna, porque Toonces siempre observa desde lo alto. Y ¿qué más alto que la Luna...?

Los japoneses tienen una creencia: que en la Luna llena se ve la cara de un conejo... Mírenla bien, cuando la vean. Observen con cuidado cómo asoman dos puntiagudas orejas de gato, y mándenle un beso a Toonces, "el gato que maneja... su nave".

26-11-2002