Inicio » General » Tabi, la princesa de la casa

Tabi, la princesa de la casa

Eunice, México

Tenía ya dos años de vivir con mi novio y nuestra vida era muy feliz; sin embargo yo sentía la necesidad de tener un gatito que completara nuestra felicidad. Julio siempre ha sido amante de los perros y cada vez que le mencionaba siquiera que quería tener un gatito recibía un rotundo —¡NO! ¡Odio a los gatos!— y ante la imposibilidad de tener un perrito por la falta de espacio, tuve que resignarme a no tener mascotas por el momento.

TabiEnfrente de nuestra casa había una veterinaria donde de vez en cuando ponían un letrero que decía “Se regalan gatitos”. Y cuando llegábamos del trabajo yo siempre iba a verlos a través de la ventana de la veterinaria y me dolía verlos tan pequeños y encerrados en una jaula esperando a que alguien los adoptara. Algunas veces se me salían unas cuantas lágrimas al verlos tan indefensos y sin hogar...

Era 4 de mayo de 2011. Llegamos del trabajo, estacionamos el coche y vi nuevamente el letrero en la ventana de la veterinaria: “Se regalan gatitos”. Como era mi costumbre, le dije a Julio: "Vamos a ver a los gatitos". Y fuimos.

Estaba viéndolos por la ventana cuando escuché: "¿Quieres entrar a verlos?" Sentí un hueco extraño en el estómago y acepté de inmediato. Entramos a la veterinaria y le pedimos al encargado que nos los mostrara: eran tres. El encargado los sacó de la jaula y de pronto había tres bolitas de pelo hermosas frente a mis ojos. De repente Julio me dijo algo que nunca olvidaré: "¿Quieres uno? ¡Llévatelo!" Dudé por un momento haber escuchado esas palabras; pero antes de que tuviera tiempo para arrepentirse le contesté: "¡Síííí!" Mi corazón comenzó a latir fuertemente. Creí que se me saldría.

Estaba entonces decidiendo a cuál de los tres me llevaría cuando uno de ellos simplemente se quedó sentadito y mirándonos fijamente, sin maullar. ¡Lo tomé en mis brazos y no lo pude ya soltar! Me dijeron que tenía que dejarlo para que lo desparasitaran y que al otro día me lo entregarían. Yo me negué a soltarlo y prometí regresar al día siguiente para que lo hicieran. ¡Ese gatito se tenía que ir conmigo y no iba a pasar una noche más en esa jaula! Nos dijeron que tenía tres meses de nacido y era macho. Julio lo nombró Tobías: Tobi le diríamos de cariño.

TabiLlegamos entonces a casa, lo metí al baño en una cajita y le pedí que nos esperara porque no teníamos nada preparado para recibirlo. Fuimos entonces de inmediato a comprar todo lo necesario: comida para gatito bebé, arenero, arena, comedero y su camita. No le tomó mucho tiempo comprender que estaba ya en su nueva casa y pronto se adaptó a dormir en la comodidad del sillón o nuestra cama; o incluso dentro del clóset, donde le gustaba esconderse.

Al principio Julio se mantenía un poco al margen de Tobi; pero era tan cariñoso que poco a poco se lo fue ganando. Siempre nos hacía reír con sus sonidos graciosos y sus travesuras. Jugábamos mucho con él y nos divertíamos los tres juntos cuando llegábamos de trabajar.

Después de un mes con nosotros le vino una infección en el estómago y pronto lo llevamos con la veterinaria; quien ese día nos tenía preparada otra sorpresa: ¡Tobías no era macho: era hembra! Julio y yo nos quedamos sorprendidos; pero lejos de desagradarnos la idea de que fuera una niña, la noticia nos llenó de ternura y de felicidad. Decidimos que de ese día en adelante sería nuestra princesa y la consentiríamos y la protegeríamos por el resto de su vida. "¡Se llamará Tabatha! —dije—, y de cariño le diremos Tabi.

TabiDesde ese entonces Tabi se ha convertido en la luz de nuestros ojos y la alegría de nuestra casa. Es muy cariñosa: Le gusta dormir encima de nosotros y cuando lo hace nos abraza del cuello con sus patitas y comienza a ronronear pidiendo cariño. Es muy divertido jugar con ella y lo hacemos cada vez que llegamos del trabajo. Viaja en el auto con nosotros, nos acompaña mientras vemos TV y es nuestra princesita hermosa. Algunas veces vamos a visitar a mi mamá que vive lejos de casa, y ella sabe que llegaremos con nuestra Tabi y su equipaje: arenero, comida, juguetes, etc. Mi princesa nos acompaña siempre.

En cuanto a Julio (el que odiaba a los gatos, ¿se acuerdan?)..., ¿qué les puedo decir? ¡No lo reconozco! Cuando llegamos de trabajar lo primero que hace es buscar a la princesa y llenarla de besos y caricias. Ella le responde de igual forma. ¡Los dos se adoran! Julio me dice que Tabi ha cambiado por completo su manera de ver a los gatitos, que antes pensaba eran huraños y traicioneros.

Nuestra vida cambió por completo y ahora los tres somos muy felices y nos queremos muchísimo. Siempre les digo que ellos son mi familia; que aunque es chiquita, es muy hermosa y llena de amor.

Todavía habrá más cosas que contarles porque bien dicen que un gato no llega solo... Ahora que nos hemos mudado a una casa más grande estamos llenos de emoción porque ¡este fin de semana iremos a un albergue para adoptar una hermanita para Tabi! Nuestra familia crecerá y esta historia se seguirá escribiendo...

Tabi

29-04-2013