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Pako, mi gato-gata

Lunera

Hace casi dos años ya una conocida había comprado un precioso gato persa azul. Estaba muy contenta, pero a su hijo de tres años no le pareció tan buena idea. Le tomó unos celos horrosos, e incluso una vez que no lo veían los padres intentó tirarlo por la ventana. ¡Menos mal que estaba cerrada! La madre estaba muerta de pena porque no sabía qué hacer con el pobre gatito, que solo tenía tres meses. Yo no sabía nada, solo que había comprado un gato.

Un día mi suegra, que veía muy a menudo a esta chica, me comentó lo que pasaba. Hacía solo un par de semanas que había comprado el gatito y donde lo compró no querían hacerse cargo de nuevo de él; si se lo quedaban era para venderlo de nuevo y a esta chica le daba mucha pena, pues le había tomado cariño. Pues bien, la llamé y le dije que me lo quedaba. Yo, la verdad, no quería animales porque de pequeña tuve un perro y lo pase fatal cuando murió. Además vivo en Bilbao y soy de Córdoba, y pensaba que sería un trastorno para el animal cuando fuera a visitar a mi familia, pero... Ella estaba muy apurada y temía que su hijo le hiciera algo al gato y le daba pena tenerlo encerrado todo el día, así que nos lo quedamos.

Cuando lo vi..., era una monada, tan pequeñito. Bueno, aquí empezó nuestra peripecia. Lo llevamos a otro veterinario, nos lo vacunó y nos dijo que era imposible que tuviera tres meses porque era muy pequeño, así que todos pensamos que tenía poco más de un mes.

Cierto día, jugando con él, me di cuenta de que no tenía "atributos masculinos", y como comía muy poco lo volví a llevar al veterinario. ¡Era Hembra! Como os lo cuento, a mi amiga le vendieron un gato macho de tres meses y le cobrarían un curioso dinero, incluso este veterinario le había dado cita para caparlo en unas semanas. No solo eso, sino que estuvimos todas las semanas al menos una vez en el vete, porque tenía tiña y pulgas, y sí, tenía tres meses, pero con raquitismo.

Nos ha costado mucho sacarlo adelante, sacarla mejor dicho. Ahora tiene más de dos añitos y solo pesa 2 kg, pero me ha dicho mi veterinario que está sana como una manzana, aunque pequeñita. Es supergraciosa y muy activa. Hemos temido por su vida muchas veces, pues a penas comía, y aún hay veces en que sin motivo deja de comer un par de días. Solo come su pienso, no quiere latas ni comida nuestra, he probado con todo y nada.

Es poco cariñosa, ¡no hay mejor forma de echarla de la cama que acariciándola!, pero es mi amor y mi vida, y aunque no le gusten los mimis siempre está donde estemos nosotros, y por la noche duerme pegada a mi cara dándome con la patita suavemente y ronroneándome.

Los viajes no le gustan mucho, pero cuando llegamos a mi pueblo y ve a mi madre se pone a menear el rabito y a frotarse por todos lados de contenta. Adora a mi madre, esta sinvergüenzona. Ahora está mirándome con los ojillos entrecerrados, parece que sabe que estoy escribiendo de ella.

Esta gata es un caso, parece más bien un perro. Ha aprendido a recoger la pelotita y traérmela, a saber a qué hora llegamos a casa y esperarnos en la puerta toda tiesa. La primera vez que la trajimos a casa yo estaba poniendo la mesa, y pegó un salto y se sentó en el plato para reclamar nuestra atención.

Se ha quedado con el nombre de Pako, ya que tenía cartilla y todo y como nos atendía por ese nombre ya no se lo hemos querido cambiar.

07-12-2003