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Miñoco vuelve a casa

Lagonda

Un caluroso día de finales de mayo de 2011 decidí salir a dar un paseo con mi pastor belga, Ker, sobre las 6 de la tarde. Al cerrar el portal escuché unos maullidos desesperados muy cerca, pero no veía dónde estaba su autor. Guiada por ellos me acerqué a un coche que estaba enfrente. La panadería estaba abierta y la dueña me pidió que cogiera al gato que había allí debajo, ya que a ella le daba miedo y no paraba de maullar desde hacía mucho rato. Metí la mano y agarré una patita minúscula que parecía de algodón y que se soltó suavemente y se retiró más adentro. Entonces me arrodillé y miré debajo del coche... Y allí estaba, un gatito minúsculo jadeando de calor y maullando desesperado llamando a su madre. Lo agarré con cuidado, comprobé que era macho y lo subí a casa enseñándole dónde estaba el agua del perro. A continuación me fui a dar el paseo como tenía pensado.

MiñocoMi marido me tenía archiprohibido traer más animales al pequeño ático donde vivimos, pero aquel ser diminuto lo encandiló a primera vista y ya casi lleva dos años en casa. La única condición fue que debía castrarlo para poder quedarse. Y así lo hice cuando cumplió seis meses de edad.

El gato parece ser un siamés tabby point, o lo que es lo mismo, un siamés rayado, que no sé si está reconocido como tal, cosa que me importa bien poco. Se le puso de nombre Miñoco (la miñoca es la lombriz de mar que se usa como cebo en Galicia para pescar) porque era tan pequeñito (dos meses como una barbaridad) que parecía una lombricita, y también porque tiene una "M" en la frente.

Miñoco resultó ser un gato inteligente, dócil, muy simpático y buenísimo, conquistando el corazón de todos enseguida, incluso el del perro, con quien jugaba a menudo.

Todo iba bien con Miñoco hasta que el día 8 de abril de 2012, volviendo de las vacaciones de Semana Santa, mis sobrinos cierran mal el transportín donde viajaba y Miñoco salta a la autopista AP-9 Pontevedra - Santiago de Compostela a 120 Km/h desde la caja de la furgoneta donde viajábamos. Mi hermano y mi cuñada, que nos seguían detrás, ven todo y me llaman por teléfono para advertirme, pero al ir a coger el teléfono, se me resbala y cae bajo el asiento sin posibilidad de poderlo coger. El teléfono de mi marido va atrás, en la caja, y al no poder parar en medio de la autopista a cogerlo, no nos enteramos de lo ocurrido hasta llegar al peaje.

MiñocoMi hermano me dice que el gato no ha muerto, que rodó por el asfalto y que pudo esquivarlo con el coche, y que salió disparado hacia el arcén a la altura del km 9. Con la esperanza de encontrarlo, buscamos un desvío y damos la vuelta sobre nuestros pasos, pero al desconocer la zona, tardamos una hora en llegar al km 9. Desde allí, camino por el arcén dos km a un lado y a otro llamando a Miñoco, pero el gato no aparece y tengo que abandonar la búsqueda. Volvemos a casa sin él y yo no puedo dejar de llorar en todo el trayecto de 300 km.

Al día siguiente, lunes, me pongo en contacto con la Protectora de Vilagarcía de Arousa y les cuento lo ocurrido. Amablemente se ofrecen a salir a buscarlo por la zona donde cayó, pero aunque lo intentan tres veces aquella semana, buscando por el arcén y por el bosque de eucaliptos, Miñoco no aparece. Mi hermano sigue insistiendo en que el gato está vivo y me insta a que vaya a buscarlo, algo que no podemos hacer hasta el domingo siguiente, ya que tanto mi marido como yo trabajamos. Yo pienso para mis adentros que es inútil ir, ya que ha pasado demasiado tiempo y está demasiado lejos. Me parece impensable encontrar a mi gato en un bosque de eucaliptos una semana después de perderlo y a 300 km de distancia si la Protectora, que lo ha intentado tres veces, no ha podido hacerlo... Pero finalmente, en un último intento desesperado y sin la más mínima esperanza de encontrarlo, quedamos con Chus, voluntaria de la Protectora y excelente persona, para ir a buscarlo al domingo siguiente. Y así lo hacemos.

Miñoco
Miñoco rescatado

A las 11 h de aquel domingo 15 de abril de 2012 nos dividimos y yo le pido a Ker que lo rastree, y aunque las pistas olfativas desaparecen a las 48 h, tengo la esperanza de que se haya movido y el perro capte un rastro reciente. Indudablemente, el perro muestra más interés hacia un lado del punto kilométrico que hacia el otro, así que nos dirigimos al que el perro considera más interesante. Caminamos y caminamos llamando a Miñoco mientras peinamos el bosque, pero no aparece. Chus me indica que me dirija a un galpón de bloques situado en medio del bosque y allí me voy con el perro, pero lo rodeamos por completo y no capta nada. Cuando ya me iba, aparecen ella, y por otro lado mi marido, y subimos una cuesta de tierra paralela al galpón, que llega hasta el tejado del mismo. Y entonces mi marido vuelve a llamarlo y, de repente, escuchamos un maullido de respuesta, y otro, y otro más, y Miñoco sale espeluchado, cojeando, de debajo del alero del tejado, arrastrando su patita trasera derecha, rota por el impacto, tremendamente flaquito y con una postilla en el morro. Todos nos ponemos a dar saltos de alegría, le damos de comer y de beber y lo metemos en su transportín para volver a casa.

Miñoco, por fin, después de una semana de lluvias torrenciales, con una pata rota y perdido en un bosque de eucaliptos a 300 km de su hogar (con el consiguiente peligro de morir de hambre al no poder cazar o a merced de cualquier depredador oportunista), vuelve a casa... Es un superviviente nato. Bien por él.

Mi eterno agradecimiento a todo el equipo de la Protectora de Vilagarcía de Arousa y en especial a Chus, sin cuya ayuda no hubiéramos podido encontrarlo. Gracias, chicos.

30-06-2013