Inicio » General » Mindy, una gatita especial

Mindy, una gatita especial

Alma. México

Mi novio y yo nos acabábamos de mudar. Los dos acordamos que en cuanto estuviéramos bien instalados en la nueva casa, adoptaríamos un gatito. Un familiar nos puso en contacto con una persona que trabajaba en un centro de adopción de mascotas, la cual quedó de hablarnos. Mi novio y yo estábamos muy ilusionados con la idea de tener un gatito, hacía casi cinco años que no teníamos una mascota.

Los días pasaron y no recibíamos ninguna llamada. Yo era la más triste, mi novio me decía: “Te prometí que ibas a tener un gato, y lo tendrás”, pero poco me consolaban sus palabras. Fue así como uno de tantos días, buscando en internet, di con un centro de adopción de mascotas.

Mi novio y yo no conocíamos muy bien la ciudad, pero nuestro deseo de tener un gato era tan grande que al día siguiente nos aventuramos a buscar el lugar. Era miércoles por la mañana, estábamos supernerviosos y emocionados.

Llegamos al lugar y nos atendió una señora muy amable. Le dijimos que queríamos un gato no mayor de un año de edad, y ella nos dijo que tenía uno siamés de dos meses, que si lo queríamos. Dijimos que sí, sin pensarlo. Solo había un detalle: no lo tenían en ese momento, ya que en el centro tenían solo perros, sino que el gatito estaba en un albergue que pertenecía al mismo centro. La señora nos dijo que el viernes de esa misma semana nos llamaría para confirmar.

Llegó el viernes, casi no pude dormir de la emoción, pero el destino nos tenía guardada una sorpresa. Ese mismo día, después de desayunar, mi novio se puso a lavar los trastes y yo me quedé viendo la tele. Después subí las escaleras buscando un trapo que dejé en la recámara, y fue ahí cuando escuché el maullido de un gato. Me asomé por la ventana, pero no lo vi.

Bajé corriendo las escaleras y mi novio salió corriendo de la casa. Yo me asusté y le pregunté: “¿Te pasó algo”? No me respondió y entró apresurado a la casa con un pequeño gatito en brazos. Era blanco como la nieve, de ojitos azules. Nos dimos cuenta de que era hembra. Yo le dije a mi novio: “Adoptémosla”. Enseguida fue a comprarle su alimento, arenero y todo lo necesario para ella. Le dimos un poco de leche y croquetas y enseguida la llevamos al veterinario. Nos dio medicina para desparasitarla. Obviamente ya no adoptaríamos al gatito siamés.

Con los días nos dimos cuenta de que no reaccionaba a ninguna clase de ruido, fuera suave o fuerte: Mindy no podía escuchar. Pero eso no fue un impedimento para ella, ya que corre y juega como cualquier otro gatito (tiene mes y medio) y es la gatita más cariñosa que pueda haber. Duerme con nosotros, le gusta ver la televisión, ronronea cada vez que le acariciamos la cabecita. En fin, qué más puedo decir, es lo mejor que nos ha pasado. Pienso que es un regalo de Dios, y estoy muy feliz y agradecida de que la encontráramos ese viernes por la mañana.

20-05-2012