Inicio » General » Mi querida Leo

Mi querida Leo

Pedro Lozano

Esta fue la carta que le escribí a mi gata Leonor el mismo día en que se murió, un 4 de noviembre de 2006.

"Mi querida Leo:

"Hace solo un par de horas que te has ido, igual que cuando viniste, por sorpresa. Recuerdo aquel 9 de septiembre en que llegaste a mi vida, eras solo un bebé, apenas tenías días, pero enseguida sentí que eras especial. Nada hacía presagiar lo que sucedería un año después... Maldita leucemia.

"Tu sangre ya estaba herida de muerte con el terrible mal. Te salvé de una vida en la calle, llena de sinsabores y de una más que probable muerte. Durante dos semanas te amamanté a biberones como si fueras mi hija, te di el calor de mi hogar, te enseñé a no destrozar mis muebles con las uñas, te enseñé dónde estaba tu aseo particular en la casa, te di mucho cariño.

"Y tú... ¿Cómo me lo pagabas? Con un cariño todavía multiplicado a la enésima potencia. Me acompañabas por toda la casa, en la cocina, en mi cama, en el balcón, cuando estaba al ordenador, cuando veía la televisión. A todos los visitantes que tenía les recibías con la mejor de tus simpatías, no había nadie que no se enamorara de ti al verte. En la consulta de la veterinaria, Isabel y sus compañeras se deshacían en atenciones hacia ti.

"Sabías animarme con tus arrumacos cuando me sentía triste, te subías encima de mi cama cuando sonaba el despertador para que no llegara tarde al trabajo. En cuanto oías la cerradura de la puerta cuando yo llegaba, te plantabas en la entrada para recibirme. Porque yo no era tu amo, ni tú eras mi mascota. Yo era como tu papá y tu eras... eras mi nena bonita.

"Tu última semana en casa fue muy triste; como una vela, te fuiste apagando poco a poco, dejaste de comer, te pasabas las horas acurrucada en un rincón, triste, abatida... hasta que esta mañana te has ido para siempre. Ponerte la fatal inyección ha sido una de las decisiones más difíciles de mi vida, espero haber obrado bien.

"Dicen que hay un cielo especialmente para gatos. Espero que tú ya estés en él, porque has sido un animal ejemplar. No sé lo que me deparará el destino, si me pondrá enfrente de un gato, un perro o qué sé yo. En cualquier caso, nunca te olvidaré..."

Hoy Leonor sigue en mi recuerdo, incluso en el salvapantallas del ordenador y el teléfono móvil. Aquel fin de semana lo pasé muy mal, hasta que César me saco de casa y me evadí un rato viendo un partido de fútbol. Llegaron las fiestas y gracias a otro animal, el Mussol, pude recuperarme. Pocas semanas después adopté a Pirata, mi perrito. ¿Creéis en el destino? Yo un poco sí. Pirata es por lo que al color se refiere una fotocopia de Leonor, tiene las mismas manchas negras sobre pelo blanco, incluso la misma mancha negra en el ojo izquierdo. Cuando Leonor murió Pirata ya había nacido, pero no sé, da que pensar...

Un año después vino Ximo, un precioso gato de color negro humo, que me hizo volver a disfrutar de lo que es tener un gato y acabarme de convencer de la falsedad del viejo mito que indica que los gatos son ariscos, independientes y todas esas cosas.

07-03-2009