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Mi nena, la minina esquiva y chismosa

Jackie

Cuando estuve lista para traer un minino a casa pensamos en que tendría que ser macho, porque las hembras siempre han sido más problemáticas. Papá me dio a elegir entre dos fotografías de gatos y elegí al cabezoncito. Era negro y tenía unos ojos verdes preciosos, grandes grandes, y además una comiquísima mancha blanca en forma de "t" en la frente.

Cuando papá lo trajo a casa era chiquitito y cabezón. Se escondía en la cortina de la ventana de la sala y era muy esquivo. Con el tiempo yo lo veía raro, muy delicado, y su maullido era muy débil. Casi no crecía y pensamos que se iba a quedar chaparrito. Yo tenía mis sospechas de que era hembra y acerté. La dejamos quedarse, porque ya la queríamos mucho y además teníamos la ilusión de que tuviera una sola camada.

Una vez, al salir de casa, nos olvidamos la ventana mal cerrada, entró un gato y ya saben lo que pasó. El problema es que como estaba todavía chiquita se asustó y el gato la lastimó tanto que hasta se hizo del baño, y cuando llegué la tuve que bañar. De ahí notamos que le crecía la pancita y tuvo cuatro adorables mininos, pero aun así no se le quitó lo huraña. Yo no sé por qué es así; si yo la acaricio, la cargo y la quiero mucho, pero ella corresponde a mi cariño lanzándome una mordida o un arañazo. Siempre ha sido así.

Aunque es líndísima. Me sigue adonde quiera que voy, y me espera si voy a la tienda o con una amiga; es una chismosita y siempre quiere estar conmigo y saber qué hago, y hasta pienso que también quisiera hacerlo, como si quisiera ser un humano. Es muy inteligente, abre la ventana cuando la puerta está cerrada, y estira la patita para tocar la llave como si pensara que así puede abrir. En fin, es genial, pero sigue siendo mi nena esquiva y chismosa. Aun así yo la adoro y la cargo aunque no quiera.

16-06-2003