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Mi compañera

Lia

Lo que escribo es real y no sé si a más personas les sucede lo mismo con sus gatos... Si no es así, seguiré pensando que mi compañera es alguien muy inteligente, solo que ese alguien tiene cuerpo de gata.

Un día mis cuatro sobrinos estaban jugando en el monte, y bajo un coche abandonado, en la cuneta del camino, escucharon a un gatito. Se pasaron horas vigilando si venía su madre, pero no apareció y el gatito seguía maullando, pero muy débil. El más pequeño se metió bajo el coche y sacó a un animalito desnutrido y deshidratado, sin pelo en el rabo y que no tenía fuerza ni para resistirse, ni tan siquiera para comer lo que le daban.

Llegó la hora de marcharse, pero al llevarlo con los adultos que los acompañaban, les dijeron que lo dejaran donde lo habían encontrado, supongo que pensando que estaba a punto de morir. Pero el mayor hizo prometer a los demás silencio y escondido en la chaqueta lo trajeron a casa de la tía loca, mi casa.

Recuerdo cuando me llevaron entre todos al patio y me hicieron prometer que los ayudaría. Abrieron la chaqueta y vi aquel animalito. Dios mío..., se me encogió el corazón.

Les dije que calentaran leche, y mientras, yo la lavé en el lavabo con agua tibia. Se quedó quietecita y ni se movía de mi mano (porque me cabía en la mano). Tras secarla le di leche con una jeringuilla y la envolví en una manta. Estuve despierta toda la noche y ella durmiendo, mientras mis perras la vigilaban expectantes. A la semana se dejaba lamer por ellas y dormía en su propia cesta.

Como mis sobrinos la encontraron ellos le pusieron el nombre: Luna.
Esa es la historia de mi gata, de mi compañera. Ahora viene lo sorprendente, y es que no se comporta como los otros gatos, sino que es casi como yo, y hasta mi madre se sorprende a veces al vernos.

Un día normal en mi vida es como sigue. Nos despertamos (porque duerme en mi cuarto, y en caso contrario no me deja dormir maullando en la puerta). Mientras me ducho ella en la puerta se lame y se acicala. Cuando voy a desayunar ya está en la silla sentada esperando que le ponga su pienso. Mientras come yo desayuno, y cuando termina me maúlla y se estira por mi nevera para que le de el postre (jamón). Recojo y Luna se va hasta mi cuarto y se echa encima de mis papeles... La regaño y se pone de zalamera lamiéndome la mano o mirándome y maullando, pero en el mismo tono y con los mismos intervalos que yo le peleo...

Cojo las llaves del coche y al salir se sienta tras la ventana y pone la pata en el cristal. Mi madre me cuenta que mientras estoy en el trabajo Luna duerme encima de mi ropa y que luego se va. Cuando regreso, me espera fuera de la ventana para entrar conmigo. Se pone a ver la TV conmigo, le gusta mi música, se echa sobre la minicadena y al atardecer se va otra vez a "dar una vuelta" mientras yo preparo el trabajo de mañana.

A la hora de dormir, abro la ventana y la llamo y viene. Me llamaran loca (como mis sobrinos), pero le hablo y estoy convencida de que me entiende a su manera... Le digo "súbete", "no te comas eso", "no entres", "no me mires", "ven aquí" y cosas así... Y puede que sea casual, pero lo hace. Cuando lloro me lame la cara y me muerde las manos. Es imposible, pero he llegado a pensar que ella me ve como un gato o que se cree que es un perro... porque he tenido otros gatos y no han sido así. Luna se ha convertido en mi compañera de habitación y ha decidido ser mi amiga.

A la gente no le gusta la independencia de los gatos. Mi gata tiene su vida, pero la comparte conmigo cuando quiere, como yo lo hago. Estamos en paz y paga el alquiler cazando ratones...

¿Estoy loca? ¿Está loca mi gata? ¿O pasa más a menudo, solo que la gente no lo cuenta?

Un beso de Lia y Luna.

17-08-2003