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Las libélulas

Doke

Paseaba yo por las veredas del jardín una mañana de domingo. Mi gato Silvestre me acompañaba. Silvestre es un gato grande, pues tiene casi 12 años. Duerme mucho y come menos que antes, pero sigue conservando ese amor que solo un gato de familia puede dar.

De pronto una libélula pasa junto a nosotros y Silvestre recuerda sus días de juventud y se lanza tras ella. El insecto pasa volando como un rayo y se pierde de vista. El gato mira hacia todos lados y luego me mira a mí con felina interrogación preguntándome a dónde se fue...

¿Qué importa, Silvestre, a dónde se fue? ¿A dónde, dime, se van los sueños? Lo importante es no dejar de perseguirlos. Así como tu persigues las libélulas, yo trato de perseguir mis sueños, porque sé que el día que no lo haga, seré yo el que se vaya... Pero tú, Silvestre, no pases de mí como las libélulas y los sueños, porque te necesito muchísimo, más de lo que tú me necesitas a mí, quédate junto a mí para perseguir nuestros sueños...

El gato en un gesto de entendimiento se frota contra mí y siguiendo mis pasos, juntos, continuamos nuestro camino por las veredas del jardín...

19-11-2005