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La Mau Pechocha

Psique

Conocí a la Mau (una hermosa gata pelirroja de pelo corto) una mañana que se paseaba frente a mi casa. Estaba extremadamente flaca, y mi hermana y yo (que entonces tenía 13 años) le ofrecimos de comer. Se devoró todo, nos dio las gracias con un largo miauu y se fue.

Esa semana a mi hermana una vecina le regaló un gatito como de cinco semanas. Lo tenía en una bolsa de plástico y a su madre (la Mau) no la dejaba acercarse.

Mi hermana llegó a casa con el gatito y mi madre puso el grito en el cielo. La mandó de vuelta con el gato a casa de la vecina pero no la encontró, luego comenzó a llover y como ya era tarde dijo: "mañana lo devuelves". Lo dejó dentro de una cajita en la sala porque no quería que nos encariñáramos con él. Esa noche mi madre escuchó un gato maullar, se asomó a la ventana y era la Mau buscando a su hijo. Mi madre bajó y abrió la ventana con la esperanza de que se llevara a su hijo y regresó a dormir.

Al poco rato oyó una pelea de gatos y bajo corriendo: era la gata que traía a otro gatito en el chipo. Lo dejó en la ventana al ver a mi mamá y salió corriendo. Mi madre estaba furiosa: "cómo dejaba a su hijo así". Lo estaba acomodando dentro de la caja con su hermano cuando llega otra vez la gata ¡con otro gatito! Lo deja dentro de la casa y se pone en la ventana toda engrifada y bufando.

Al asomarse mi mamá ve a dos gatos machos enormes que amenazaban con atacar. Eso le movió el corazón y cerró la ventana. La Mau se acomodó en un tapete y comenzó a dar de comer a sus hijos. Entonces nos levantó para ver cuántos gatitos eran. Mi hermana le dijo que tres, solo había visto a tres.

Desde esa noche de 1994 la Mau se quedó en casa. Era una gata maravillosa, una madre amorosa y una excelente compañía, toda una dama. Nunca chilló por comida, siempre esperaba muy sentada junto a su plato a que le sirvieran, era un amor. Era la matriarca de los hoy diez gatos que tenemos, todos recogidos de la calle siendo bebitos.

Hace poco, mientras tomaba su baño diario de sol en el jardín, unos perros que andaban sueltos la atacaron. Ella ya tenía 13 años y había perdido mucha de su agilidad. La agarraron entre los dos y la lastimaron mucho. Mi hermana, que oyó la pelea, salió corriendo a rescatarla, incluso terminó siendo mordida, pero logró quitarles a la Mau.

Estaba muy mal, el veterinario dijo que le habían fracturado la cadera, la mandíbula la tenía destrozada y probablemente tenía daños internos; que tal vez se podía recuperar, pero sería demasiado doloroso para ella y no era seguro dada su edad. La Mau nos miró con sus ojitos verdes como suplicando, su maullido era muy triste. Fue una decisión muy difícil pero tuvimos que dormirla. Mientras el doctor la inyectaba, ella me lamió la mano. Hoy descansa debajo de la buganvilia que tanto le gustaba.

Gracias por todos estos años junto a nosotras, Mau. Nunca te olvidaremos, y cuidaremos bien a tu hija (ya tiene 11 años).

Solo quería contarles esta historia de una gata maravillosa que nos regaló momentos estupendos y muchos recuerdos.

28-09-2005