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La historia de un ratón

Civateteo

Cuando me sacaron de la que pensé era mi casita no hice más que llorar y llorar con la esperanza de que me abrieran y se dieran cuenta de que me dejaron fuera, pero no fue así.

En esa noche de viernes terminaba de llover fuertemente y yo sentía mucho frío porque tenía escasos veinte días. Tenía las patitas mojadas y lloraba con todas mis fuerzas porque no sabía por qué me habían dejado afuera.

Sentada en aquella puerta de madera pasaron los minutos y comencé a desesperarme porque nadie abría. Entonces fueron tan fuertes mis maullidos que de repente aparecieron dos personas que ahora sé que son un matrimonio joven, se acercaron a mí y no hice nada por correr, murmuraron y el hombre me cargó y me pegó a su pecho.

Sentí alivio y comencé a ronronear porque estaba tranquila por ese momento. Entonces hablaron entre ellos y escuché que iban a preguntar a los vecinos si yo era de ellos. Tocaron en dos puertas y las respuestas fueron negativas. Fueron a tocar a la puerta donde estaba llorando y nunca abrieron, solo se limitaron a contestar con la puerta cerrada que no tenían nada de gatos y que yo no era de ellos.

Entonces, aquella pareja, consternada y confundida, sospechando que eran esos los me habían dejado afuera, decidieron llevarme a su casa. Ahí me dieron agua y croquetas remojadas, me pusieron polvo que no se para qué era, pero que hizo que en momentos se me quitaran aquellos bichos que traía en el pelaje, y me pusieron en el baño. Entonces conocí a otro gato completamente blanco y no más grande que yo por escasos cuatro meses, tal vez cinco.

Esa noche dormí calentita y con comida. Los días pasaron y en varias ocasiones escuché a la pareja hablar y volteaban a verme y me señalaban y nuevamente hablaban. En una ocasión vi que el hombre me tomó unas fotos, todavía era yo un bebé, y me dijo que esas fotos iban a servir para irme a una casa. ¿Que no era esa mi casa?

Los días continuaron y poco a poco me dejaron convivir con el gato blanco. Él se acercaba y me preguntaba quién era yo, por qué estaba llorando, de dónde había venido, que antes ella era la única con el matrimonio y por qué ahora también estaba yo. Le dije que no sabía, que solo recordaba a aquella pareja que me recogió y me trajo aquí.

Poco a poco convivimos más y más hasta el grado de que comencé a extrañar a ese gato blanco el día que se lo llevaron. Poco después supe que iba a ver a un señor al que a mí me llevaron más tarde, que nos revisa y nos pesa y nos da comida y agua que sabe fea, pero yo traté de tranquilizar al ver que la pareja estaba tranquila, como si lo que ese señor me hacía no fuera malo, al contrario.

Llegó el momento de que ya no podría estar en esa casa. Entonces la pareja platicó y platicó largamente, hablaron por teléfono y acordaron algo. De repente me metieron en algo cerrado con rejitas –ahora se que se llama transportadora– y pude ver a ese gato blanco que me preguntaba a dónde iba, que me quedara. Les dijo a la pareja que me dejaran pero ellos no le hicieron caso, solamente le acariciaron el lomo, me subieron a un carro y nos pusimos en marcha, no sé en qué dirección.

Llegamos a otra casa con mucha más gente. Todos me veían y querían agarrarme pero yo estaba muy asustada y no sabía qué iba a pasar. ¿Por qué me habían llevado ahí? Así no era el señor que el gato blanco me platicó, me dijo que era diferente, que tenían más gatos y perros, nos revisaba y nos trataba con cuidado, pero yo estaba solamente encerrada.

Las horas se me hicieron eternas y no supe cuánto pasó, solo que la pareja habló en privado y después de un rato salieron y les dijeron a los demás que no me iban a llevar a ningún lado. ¿A dónde? Solo escuché que era algo así como un "albergue", pero en realidad no sé qué sea. Dijeron que se quedarían conmigo porque el otro gato blanco, el cual supe en ese momento que se llama Bola de Nieve, me extrañaba y se iba a sentir muy sola, además de que el hombre estaba encariñado conmigo y no quería dejarme ir.

Entonces la mujer dijo que nos íbamos a quedar con las dos ¿Quiénes? ¿Bola y yo? No sabía, todo era muy rápido.

Después regresé nuevamente a lo que siempre consideré mi casa y cuando se abrió aquella rejita le platiqué a Bola de Nieve lo ocurrido y me dijo que era así, ella también había llegado de otro lado donde una mujer la recogió de la calle y esa pareja joven la había llevado a su casa. Entonces supe que ya no me iba a ir de ahí y que esa pareja sí me quería y de verdad estaban felices conmigo.

Más adelante supe que cuando decía "Ratón", "Ratón Miguelito" y "Miguelito" se referían a mí, que me hablaban y debía de hacer caso, porque ese era mi nombre, así como el del gato blanco es Bola de Nieve. Desde entonces vivo con esa pareja que me da de comer, me apapacha y me cuida, y estoy feliz con Bola de Nieve.

Esta es mi historia de cómo llegué con mis actuales dueños, que más bien son mis papás, porque ellos dicen que somos sus niñas.

17-07-2004