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Jimy es un quitapesares, me ha salvado y yo a él

Isolina

Cuando enfermó mi madre y pasó largas temporadas en el hospital, al llegar a casa me sentía con ganas de tener a un amiguito, pues un perro o un gato, que siempre me habían gustado. Así que coincidió que, por mediación de un compañero del trabajo, conseguí un gatito siamés.

Pero claro..., nunca tenía tiempo de ir a buscarlo, ya que tenía siempre que estar con mi madre hasta bastante tarde, y llevaba unos meses yo bastante estresada. Así que ese día se marchaban de vacaciones la familia donde había nacido el que ahora es mi gato Jimy, y si nadie lo recogía lo iban a meter al caldero, o sea, lo matarían.

Me acuerdo como si fuese hoy. 00:00 de la noche, cansada de tener un día duro. Después de estar con mi madre, cogí el coche, fui a un pueblo que estaba en el fin del mundo y por fin vino a mis brazos un ser pequeñito, lleno de pulgas, tiritando de miedo, maullando como si lo fuesen a matar.

Lo agarré contra mi pecho, le di ya un beso, como diciéndole que... ya eres mío Pitufiño, y me lo traje a casa en una caja de cartón. Ya en casa, que por cierto ya tenía todo lo necesario, que si la cajita para la arena, que si los cacharritos para la comida y el agua, que si una cestita con una almohada mullida..., y hasta algún juguete en forma de ratón. En fin, que había llegado el rey de la casa.

No sé, es como si lo necesitase, ya que mi mente necesitaba distraerse con un ser al que tenía que darle mucho cariño. Y así es, que tanto mimo que tiene, nos quiere con locura y nos lo demuestra todos los días con su gracia.

Ahora tiene tres años justos y es todo un señorito. Mi madre sigue con sus achaques, pero como también es amante de los animales me encanta hablar con ella y animarla mucho con su enfermedad.

24-07-2009