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¡Te extraño como nunca, gata de mis sueños!

Giovanny Soler. Venezuela, Caracas

La historia de mi gata empieza hace aproximadamente diez meses. Un día llega a mi casa un gato, blanco y muy limpio, el cual sorprende a mi mamá y esta decide darle algo de comida. Aunque no apreciaba mucho a los animales, sintió afecto por este, por lo cual se animó a alimentarlo. Recuerdo que ese día nos preguntábamos qué darle de comer, ya que nunca habíamos tenido una mascota, por lo cual le dimos algo de leche.

Como sabrán, los gatos son muy fieles, y en donde ven una gota de cariño allí regresaran día tras día para volver por más. Pues así pasó, al día siguiente el gato vuelve pero esta vez con una gran sorpresa, llegó con un familiar... Una gatita muy linda (su hermana), con gran parecido y una edad aparentemente igual. Allí fue cuando la conocí. Sabría que le iba a empezar a tener mucho afecto; no era extraño que alguien con un poquito de sentimiento se enamorara de esta dulce gatita, blanca, con unas pequeñas manchas negras en la cara y los ojos más hermosos que he visto en cualquier animal o persona en este mundo.

Así que bien, ese día también le dimos algo de alimento, esta vez una carne muy bien picadita que había en la nevera cocinada. Los vi comer a los dos, y al terminar, por ser animales tan agradecidos, al tener la mano estrecha hacia ellos, me acariciaban con la cabecita.

Como imaginarán, no me opuse al sentimiento de afecto que en mi corazón crecía por ellos. Aunque mi cariño más grande era la hembra (Minina), el macho (Michu) no dejaba de ser menos importante para mí. Pasaron los días y seguían volviendo; a pesar de ser callejeros dormían siempre muy cerca de mi casa, bajo de los carros que por allí se encontraban.

Eran dos gatos muy unidos, siempre juntos, limpiándose y defendiéndose de todos los otros animales a pesar de solo tener unos nueve meses o un año de edad. Poco a poco se iban integrando más a la familia; ya no solo les dábamos comida sino que los dejábamos reposar y ocultarse del sol dentro de nuestra casa. Al ser unos animales muy dormilones no causaban ningún problema, solo con tener un sitio para dormir y oculto del sol eran muy felices descansando.

Mientras más pasaba el tiempo más me enamoraba de ellos. Con sus juegos y sus caricias hacia mí, con su obediencia y su apego, pronto pasaron de ser mis mascotas a ser los complementos de mi vida que hubiera deseado nunca perder. Eran mi fuente de amor y cariño; mis ganas de ser responsable y cariñoso con ellos iban aumentado.

Minina (la gata) era la más apegada a mí. En las noches, por regla de mis padres, tenía que sacarlos de la casa, ya que de vez en cuando hacían travesuras, como tratar de arañar los muebles o jugar con las cortinas por su movimiento, por lo cual los tenía que sacar y así lo hacía. Muchas noches, por no sacarlos, me acostaba hasta casi el amanecer, solo por no arriesgarme a que les pasara algo a esas hermosas criaturas en la calle llena de maldad, y por la naturaleza de lastimarse con otros gatos.

Al sacarlos se acostaban en la acera; sin importar el paso de la gente allí estaban, con la esperanza de que les volviera a abrir para refugiarse del frío y para estar conmigo un ratito más. Aunque me dolía mucho tenía que dormir; solían ser las 7 de la mañana y aunque un poco triste me iba a dormir, no sin pensar en ellos, y si escuchaba un maullido de pelea volvía a bajar para asegurarme de que todo estaba bien.

Solíamos hacer buenos amigos. Mi gata Minina, en cualquier lugar donde estuviera, al solo escuchar mi voz venía corriendo hacia mí, rápido muy rápido, como cuando una presa huye del cazador, y al verla correr de lo lejos y ver que sobrevivió en la calle una noche más me hacía sentir bien y me volvía el alma al cuerpo.

Era algo impresionante lo que sentía con ella. Era mi primera mascota y se supo ganar mi corazón como sé que ninguna otra mascota podría ganárselo. Era obediente, agradecida, cariñosa, ronroneadora y con esa belleza natural, y la había aprendido a querer. Ya su alimento no eran sobras de comida; desde el primer momento en que sentí mi conexión con ella y empezó a pertenecer a mi familia tenía que comer algo de acorde a eso, por lo cual le comprábamos su gata harina. Me ocupaba siempre y a toda hora de cuidar de ellos, ver que todo estuviera bien, que estuvieran llenos y sin sed.

Siempre supe que esta gata era especial. Nunca se alejaba demasiado para estar pendiente de mis llamados y pasar al máximo el día junto a mí. Luego de unos mesecitos de su aparición, mi mamá, que también le agarró mucho cariño, decidió operarla para que no pudiera tener crías, lo cual al principio pensé que era una mala idea, ya que era mucho sufrimiento para un pobre animal que no tenía la capacidad para decidir si quería o no por el solo. Ese día que llegó mi mamá con mi gatita me sentí muy triste al verla sedada y sin ánimos de nada.

Como era una gata semicallejera, lo cual obviamente por su naturaleza la hacía escapar de mi casa, no tuvimos otra opción que encerrarla dentro de una jaulita que le quedaba perfecta para su tamaño. La dejábamos salir todo el día dentro de la casa y la metíamos en la jaula en la noche; así pasó una semana. La gata se recuperó al cien por cien; ya estaba muy activa y con la herida prácticamente cerrada con la ayuda de antibióticos, y con mucha duda la dejé volver a su segunda casa (la calle) así bien volvimos a la misma rutina de siempre. La teníamos en la casa todo el día y la sacábamos a la calle en la noche.

Por comentarios de allegados sobre las enfermedades que producían los pelos de los gatos en mis hermanas de 12 años, las visitas de los gatos en mi casa desgraciadamente iban decreciendo poco a poco, a pesar de mi lucha. Aunque siempre, siempre, le comprábamos su comida, la tenía que poner afuera en la ventana junto con agua, y ellos pasando pocos ratos en la casa, lo cual me hacía sentir muy mal. Así empecé religiosamente a acostarme muy muy tarde en las madrugadas. Ya que mis padres estaban durmiendo nadie se enteraría de la presencia de los gatos en mi casa, y los acariciaba y mimaba mucho hasta que mis ojos no aguantaban más.

Mis gatos no se podían adaptar a ese cambio, por lo cual duraban asomados por la ventana de mi casa todo el día con la esperanza de que alguno se apiadara de él y lo dejara entrar para refugiarse del sol y el calor tan fuerte, y también para seguir recibiendo ese amor del cual se habían vuelto adictos. Los que más queríamos a mis gatitos eran mis padres y yo. Aunque mi mamá a veces se ponía gruñona por el pelero en la casa, siempre cedía a dejarlos "solo un ratito". Sin embargo, mis hermanas sí eran muy decididas con la idea de no dejarlos entrar, así que desde ese día empezamos una lucha campal por dejarlos adentro y sacarlos. Frente a tantos oponentes no pude hacer más nada por mis fieles amiguitos, por lo cual a la única hora que los podía dejar entrar era en las noches mientras todos dormían.

Mi amor por ellos crecía más y más. Pasamos muchos altibajos pero sin embargo no decrecía, seguía aumentando y ellos seguían siendo tan fieles a mí como yo a ellos.

Un día, con mi ausencia en casa, me entero de un suceso que cambió mi estado de ánimo de inmediato. Un tío me dijo que mi gata Minina había sido atropellada y esto le había causado la muerte; yo, pensando que era broma, decidí llamar a mi mamá, la cual, con una voz muy afligida, me confirmó la muerte de mi tan preciada gata. No pude resistir las ganas de desplomarme y llorar de dolor; no podía imaginarme una vida sin ella, donde sus ojos no estuvieran presentes y sin que su cariño inmenso me alegrara los días. Les confieso que lloré hasta desplomarme. No podía creer que algo así había sucedido, por lo que decidí ir a mi casa, donde me contaron la historia por completo.

Mi madre religiosamente alimentaba a mis gatitos en la mañana en mi ausencia, como solía hacer yo cuando me encontraba presente. Mi gata estaba al otro lado de la calle, que es muy angosta, pero esto no evitaba que los carros pasaran por allí. Ella solía tomar agua de una cuneta de agua de lluvia que se formaba allí; a pesar de que nosotros le poníamos agua ella la tomaba de su lugar favorito.

Al abrir la puerta, el gato (Michu) entró y mi mamá vio a la gata al otro lado de la calle, por lo que decidió buscar la comida. Entró a buscarla y en cuestión de segundos llegó un señor que le gritó por la ventana: "¡Atropellaron a su gata!" Mi madre, sin poder creerle, salió corriendo, rogando a Dios que solo fuera un mal entendido y fuera otro gato, ya que en la zona donde vivo hay muchos de ellos. Al salir sus esperanzas se desaparecieron: allí estaba tirada en el piso con la cara ensangrentada y ni siquiera un movimiento. El carro que la atropelló le había aplastado la cabecita, con lo cual le había dado una muerte instantánea. Sin poder hacer nada rompió a llorar: ¡nuestra gatita no iba a estar más con nosotros!

Fue a buscar una camisa para ponérsela en la cabeza y una bolsa para meterla adentro, ya que no la podía dejar en el medio de la calle. Todos lloraron, incluso mis hermanas y mi papá no podían soportar la idea de que la linda gatita no nos acompañara, y no poder verla nunca más en nuestras vidas. Todos sabían que esto seria un gran impacto en mi vida y así lo fue.

Ahora con nosotros sigue viviendo Michu, su hermano. Lo seguimos cuidando como parte de nuestra familia, dándole amor y siempre recordando a Minina, esa hermosa gata que en muchos meses dio alegría a mis tristezas, sonrisas a mis enojos y amor a mi corazón. Es imposible describir cómo me siento; levantarme en las mañanas ya no es lo mismo, acostarme tarde en las noches ya no tiene sentido, mi motivo de alegría ya no me seguirá acompañando y ese hueco en nuestra familia ya no se podrá llenar con nada.

¡Minina, te amo! Perdóname por no pasar la última semana de tu vida contigo. Te agradezco por los momentos felices que aportaste a mi vida, con tu carisma y tu cariño irremplazable. Te recordaré por siempre, gata mía, te prometo que nunca te olvidaré. Fuiste más que una mascota para mí; fuiste el motivo de mis sonrisas y alegrías.

Estés donde estés te extrañaremos. Prometo que cuidaré de tu hermano tan bien como lo hacías tú. Te amé y te amaré por siempre, gatita de mis sueños.

26-11-2009