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Homenaje a Filipo en su tercer aniversario conmigo

Pilar P.G. Sevilla

Y tuve una gata llamada Luna... Nunca antes había conocido a los felinos, y por tanto no comprendía bien el por qué de aquellos zarpazos al acariciarla con todo mi esmero; pese a todo mi cariño, y cuando menos lo esperaba, me lanzaba un desgarrón con las uñas desplegadas y me hacía daño: por fuera, con sangre incluida, y por dentro, por la incomprensión manifiesta de que ni me quería, ni me necesitaba para su vida...

Comencé a mirar foros por Internet: migato.net, etc., y en ellos todos hablaban de tener a gatos estupendos y también contaban de sus ronroneos, etc., y que se podían llevar horas acariciándolos sin ningún lamentable contratiempo como ocurría con mi gata...

Así la acepté, y así la seguí queriendo con todo esmero y cuidado mientras que ella continuó manifestándome su carácter insociable con grandes arañazos al menor acercamiento. Tanto era así, que teníamos el Betadine y el algodón todo el día en marcha, colocado encima de mi mesa de estudio, ya que lo usábamos un día sí, y el siguiente, también.

Se enfermó mi gatita; ya tenía siete largos años y un dichoso cáncer le salió al paso de su feliz vida; no habría una gata mejor cuidada en todo el mundo que la mía, y tuve que hacer verdaderos esfuerzos para manipularle la herida de la operación para sus cuidados y su asepsia... Cada vez que intentaba poner las manos en su herida, la huida y el zarpazo estaban asegurados, y acabábamos las dos con las heridas compartidas; yo por sus "ataques", y ella por no dejarse manipular y salir huyendo sin poder practicarle sus curas...

No dejaba de acudir a diario a mis foros amigos para saber qué hacer y cómo ayudar a mi gata Luna y sobre todo, y seré sincera, para conocer que había un gato en el mundo que se dejaba querer, que se podía tocar, sobar, achuchar... Me entraba una envidia sana de algo que jamás entendí ni compartí con mi gata.

Venían amigos a casa invitados a comer, a cenar, a pasar el día, y yo les advertía: "No acercarse a la gata, es algo arisca..." Me decían algunos: "No, si no importa, tengo siete gatos, los conozco bien..." Y acabando de decir esto, se acercaban con tiento del que conoce a un gato, y entonces, mi gata... ¡¡zas!!, el invitado salía del achuchón como un Cristo: señalado y relleno de las marcas de mi "fiera"...

Ni que decir tiene que el cariño fue el mismo a pesar de su carácter, y que mis cuidados lo fueron también con indiferencia de su mal humor o su falta de buen talante; ni mi familia ni yo la dejamos de querer por causa de su genio. Ya lo manifestaba abiertamente siendo tan solo una bolita de tres al cuarto: se caía de espaldas cuando la intentábamos coger para achucharla..., apuntaba maneras.

FilipoY cuando el destino quiso, se la llevó consigo después de haber compartido nueve preciosos años de mi vida. Quedé sin tener a un felino cerca y la verdad que los extrañaba mucho, pero mucho, y a pesar de que la experiencia no había sido del todo satisfactoria sabía que me quedaba un vacío, dispuesto a ser rellenado de nuevo con el magnífico y enigmático animal. Y sabía, también, que en algún lugar del mundo habría un gatito deseado para mí como yo lo sentía y quería, como yo lo esperaba...

Un determinado día, no muy lejos de haberme quedado sin Luna, vi en la sección de Animales del foro de El vuelo del alma a un gato precioso y abandonado por las calles de Córdoba, cuya adopción pedían con urgencia por no saber el tiempo que podrían mantenerlo sin dueño en la casita de acogidas de una excelente persona. Ella, de nombre Anabel, recogía a todo animal que anduviera perdido, y lo cuidaba y lo llevaba a veterinarios con el fin de dejarlo listo para una posible adopción. ¡¡Desde aquí todo mi homenaje a su persona!!

Bien, pues lo vi y algo me dijo por dentro que ese era el gato que yo esperaba, el felino soñado por mí durante muchas de las incomprendidas actitudes de mi gata Luna. Algo me dijo en su carita, en la foto de exposición, que ese animal no sería agresivo, que sería dócil, que sería..., diferente.

Di el paso y lo solicité, pero llegué tarde, ya que una chica lo había pedido desde Madrid y ya iba de camino a su nuevo hogar. Lo sentí, pero lo acepté, y me dije que igual ya no debía tener más gatos y punto.

Mi sorpresa fue cuando Anabel, con quien no perdí el contacto por hacer un seguimiento del feliz encuentro de mi gato perdido, me anunció que no había ningún problema con la nueva dueña en Madrid, pero que con el gatito que ella tenía previamente sí que lo había, porque se había enfermado de celos y se negaba a comer. Era de entender que si su gato corría algún riesgo fuera el "invitado" el que saliera de la casa; la propia dueña no podía aceptar el ver perjudicado a su gato de toda la vida: comprendido y justificado.

Así que, a la semana de estar mi rumbero gatito por esos mundos de Dios, decidieron que no se podía adaptar por causas del otro gato, y que por tanto no había nada que hacer, que se buscara un nuevo lugar. Y aquí fue cuando entró en escena mi hogar: aquí estaba yo con los brazos abiertos esperándolo para quererlo y para darle todo el mimo que cualquier gato abandonado merece...

Y llegó el día. Debo confesar que apenas dormí en toda la noche esperándolo, haciéndome composiciones de lugar de cómo sería o no, de si arañaría como mi Luna o sería el gatito perfecto tan soñado por mí durante todo el tiempo que tuve a mi fiera conmigo...

Y..., llegó, y lo fue: era el gato de mis sueños, por fin pude tener al animal deseado. Pude y puedo tocarlo, acariciarlo, achucharlo..., quererlo con todas mis ganas sin ningún contratiempo indeseado; al contrario, muere por mis caricias.

Cuando apareció en una gatera hermética y a través de la empresa de transportes que lo tuvo toda la noche viajando, doce horas, el animal emergió en mi salón con el chico que lo traía, y después de firmar los preliminares de entrega y demás, le abrió la puerta de la gatera con sigilo de la gatera, dejando al descubierto al animal más bello que yo jamás hubiera visto en felino...

FilipoSu tamaño doblaba, casi, el de mi gatita Luna, y por ello mi miedo se adelantó con pasos de gigante por temor a su carácter, a la reacción que tendría una vez que el chico hubiera marchado de casa. De manera que me mantuve a la expectativa durante un segundo, porque no duró mucho más su puesta en escena: tirándose al suelo, boca arriba, boca abajo, maullando como si hubiera contratado para mi deleite una perfecta orquesta armonizada , jaja, ¡¡qué tremendo...!! Estaba pletórico de felicidad, porque ellos saben reconocer muy bien su destino.

Era un gato de raza, un bosque de Noruega, tan parecido al lince. Nada más salir de la ingrata caja donde lo habían hecho permanecer durante tantas horas buscó raudo comida y agua, que, por supuesto, yo le tenía a su alcance en perfecto orden de revista. Me había puesto de acuerdo con la dueña que me lo enviaba desde Madrid para saber qué comida darle y qué cuidados especiales podría necesitar, a lo que ella me refirió: "Mucho cariño, este animal solo demanda mucho cariño..."

Comió y bebió a placer y, como si este fuera su hogar de toda la vida, se tumbó en el sofá para hacerse un intensivo lavado, ya que venía de un largo recorrido sin apearse del vagón y sin haber podido usar el inodoro, y claro, le hacía muucha falta...

En esas tareas de aseo y limpieza estuvo durante mucho tiempo, mientras yo permanecía en silencio mirándolo, algo atemorizada. Lo confieso, no lo conocía lo suficiente y temía por su talante... Pero, amigos, ¡qué error más grande...! Tanto su tamaño como su carácter inofensivo y su condición supercariñosa me dejaron felizmente impresionada, y me quedé con la sensación de haber adquirido un peluche con vida y lleno de gracia... ¡Qué coscón!, ¡qué ronroneos!, ¡qué tiradas por el suelo a la espera de mi aprobación...! ¡Como si me expresara el baile del emperador danzando por el suelo tan solo a la espera de mi contento! Para comérselo enterito..., jeje.

Y hoy, a tres años vista de su divina llegada, doy gracias al cielo por tener al gato que siempre esperé, al gato que sabía, en mi esperanza, que poblaba cualquier esquina del camino, y que al doblar ese bendito instante nos encontraríamos para querernos mucho.

23-06-2010