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El Pispri

Carrascan

Hay muchas personas que tienen una animadversión gratuita hacia los gatos, que son los seres más fascinantes que se puedan tener. A ellas va dedicado especialmente este relato.

Siempre he tenido gatos, de los que algunos se han perdido o se han muerto por enfermedad. En este momento cuento con la compañía de una belleza de gato, tanto en lo físico como por lo agradable que resulta tenerlo a mi cuidado. Tiene infinidad de nombres: Tuinky, el oficial, y de cariño muchos otros, como Nicolás, Pispri y Carrascan.

Les relataré un día normal con él. Me levanta en la madrugada para que yo especialmente le dé agua, aunque somos más de familia; antes de sonar el despertador está en mi almohada esperando que despierte, y si tiene hambre me rasca la nariz con una sola uña con su dedito extendido. Si aún no tiene hambre, está a la espera, ya sea acostado encima de mi cabeza o maullando muy quedito para meterse a las cobijas, especialmente en invierno.

Ya sonando el despertador, me levanto en silencio viendo que está profundamente dormido, me meto a bañar y viene él muy rápido a meterse al baño aún con la carita de somnoliento.

Me espera afuera de la cortina de baño para no mojarse, y siempre se echa en la toalla que dejo ahí para secarme. Termino de bañarme y al irme a vestir a mi recámara, viene velozmente a subirse al tocador para echarse de panza y revolcarse. Espera que sea el tiempo de peinarme y él pone erguida la cabecita para que también lo peine.

Me sigue a cualquier lado de la casa. Al desayunar se sienta en una silla a mi lado, y cuando, terminando, tomo mis cosas para irme, me despide con un maullido y se va a la ventana para verme al salir y se despide a lo lejos maullando.

Regreso de trabajar y a la hora exacta que regreso se comienza a inquietar y se sitúa a esperarme en la puerta de la Casa. Si no llego a la hora, maúlla a modo de regaño.

Ya en la tarde, al ver la TV, se acuesta encima de mi cabeza o sentado en mis piernas. Llegado el momento de sacarlo a pasear se acerca a la puerta de salida, y cuando ve su correa, se pone a correr por la casa como loco de felicidad.

Siendo hora de irse a dormir, siempre a la hora exacta se me queda mirando muy fijamente y sin moverse un centímetro. Si hago el intento de levantarme o moverme se va velozmente a la recámara, y cuando se da cuenta de que me moví regresa a ponerse otra vez quietecito y con la mirada fija. Si me maúlla reclamando para irse a acostar, le digo que ahora no voy a ir, y él se encamina a irse a acostar.

Ahora tiene 10 años y está con nosotros desde el mes de nacido. Solo pienso en el día en que ya no esté, pero me sentiré feliz de saber que tuvo conmigo una existencia plena, cómoda y con el cariño que tendré siempre hacia él. El Pispri.

Esto se lo relato para que se den cuenta los no amantes de los gatos, y también quienes sí lo son, de hasta qué punto puede ser afectiva la convivencia con esos seres llamados gatos.

03-09-2003