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El mensajero de Sekhmet

Kikara

Cuenta la leyenda que una princesa, para salvar a su enamorado de las manos de un malvado mago, tenía que enrollar diez mil madejas de lino en treinta días. Desesperada por tan enorme encargo pidió ayuda a sus tres gatos. Estos trabajaron día y noche y consiguieron acabar a tiempo la tarea encomendada. El amante fue salvado y la princesa, que era un hada, para recompensarlos les dio la facultad de ronronear, en recuerdo del rumor del aspa del lino.

Al igual que la leyenda, mis gatos también me han ayudado y salvado. Esta historia (verídica) se la dedico a todos los gatos del mundo sin distinción de clases sociales ni de razas.

Para todas aquellas personas que no leyeran mi historia anterior, les voy a resumir: Yo tenía una gatita persa roja preciosa, Sekhmet, mi "diosa del fuego" que, desgraciadamente, un día murió de repente y estando completamente sana. Fue un golpe muy duro para mí, pues había sido mi mejor amiga durante varios meses y me había ayudado a superar muchas cosas. Lo sucedido me tenía sumida en una terrible tristeza. La necesitaba al lado, la extrañaba mucho y lloraba todos los días. Llegué a obsesionarme tanto con su recuerdo que hasta soñaba con ella por las noches. Llegué a pensar que tal vez necesitaba ayuda. La gente no paraba de repetirme que otro gatito me haría mucho bien. Pero yo no quería ni tan siquiera pensarlo. No podía...

Un día llegué a casa después de la universidad y cual fue mi sorpresa al entrar en mi habitación y encontrarme acostado encima de la cama a un precioso cachorro de gato persa, blanco y negro, de un mes aproximadamente de edad, que me miraba con curiosidad. Al poco escuché las voces de mis amigos: "¡Sorpresa!" No podía ni reaccionar. Me quedé atónita y comencé a llorar. Quise acercarme al gatito, pero este me bufó lo más fuerte que pudo y se escondió debajo de la cama. Me quedé bastante sorprendida. Intenté hacerle salir pero me arañó. No salía de su escondite sino para ir a su bandeja. Apenas comía ni bebía, y si te intentabas acercar a él bufaba y maullaba amenazador.

Su comportamiento continuó así durante varias semanas, en las cuales yo no podía sentir otra cosa que rechazo por aquel animal tan arisco que no mostraba el más mínimo afecto por nada. Me llegó incluso a dar miedo, pues en ocasiones me miraba como si me odiara. Además me hacía pensar aún más en Sekhmet. Eran tan diferentes... Me dolió, pero tuve que hablar con mis amigos y pedirles que por favor se llevaran al gato. Les dije que agradecía mucho lo que habían intentado hacer por mí, pero que ese gato no me quería ni yo a él. Que yo quería a mi gatita roja, tan dulce, tan cariñosa, tan mimosa, tan alegre... Ellos me contestaron contándome una historia terrible. Lo habían rescatado de un mercadillo donde un hombre los estaba maltratando a él y a sus hermanos y posteriormente los había abandonado. Me dio muchísima lástima. Ahora entendía su comportamiento.

Accedí a quedármelo unos días más de prueba. Esa noche, por increíble que parezca, volví a soñar con Sekhmet. Pero esta vez el sueño fue diferente: ella se me apareció y me dijo que me había enviado un nuevo compañero en su lugar para que no estuviera sola. Que no lo rechazara, que era su mensajero... Me desperté muy sobresaltada y observé a los pies de mi cama al gatito tumbado inmóvil. No se movía. Me acerqué y en contra de mi pronóstico se dejó coger en brazos. Estaba respirando con mucha dificultad y apenas podía sostener la cabeza. Por primera vez vi ternura en sus ojos. Lo llevé de urgencias a una clínica y el pronóstico era desolador. Tenía rinotraqueítis felina y estaba muy grave. Me dijeron que tenía dos opciones: O sacrificarlo o intentar salvarlo con un tratamiento caro que duraría bastante tiempo, si es que surtía efecto.

No me lo pensé dos veces y elegí la segunda opción. Les dije a los veterinarios que hicieran todo lo posible, que por favor no le dejaran morir. No podía perder a este gatito también. Estuvo ingresado un mes completo, en el cual iba a verlo todos los días y le hablaba con cariño. Le decía que tenía que ser fuerte y luchar, que iba a ponerse bien y que nadie nunca más le iba a maltratar... Me miraba siempre con infinita tristeza.

Finalmente pude llevármelo a casa, aunque todavía tenía que seguir en tratamiento. Pero su carácter había cambiado. Ya se dejaba acariciar y comía. Pasaba menos tiempo debajo de la cama y poco a poco comenzó a jugar, hasta que una mañana me ronroneó. ¡Y me volví loca de alegría! Le abracé con cariño y le prometí que siempre estaría a su lado. Comencé poco a poco a superar lo de Sekhmet...

Ahora estoy segura de que Raúl (mi gato) es el mensajero que Sekhmet me envió en su lugar. Han pasado seis meses y es el gato más cariñoso, mimoso y fiel que os podáis imaginar. Me sigue a todas partes por la casa, si no me ve maúlla, se me sube encima, me lame, ronronea con solo mirarlo... No he vuelto a ver más en él un bufido, ni un arañazo, ni un mal gesto. Nunca le agradeceré suficiente a mis amigos que me hicieran este maravilloso regalo, pero, sobre todo, jamás me arrepentiré de la decisión que tomé de permitirle vivir.

Raúl solo necesitaba que una persona le demostrara que no todos los humanos son malos. Que nadie le iba a volver a abandonar ni a hacerle daño. Y yo necesitaba que otro gatito me permitiera entrar en su vida. Tenía el corazón demasiado cerrado con Sekhmet, pero Raúl se encargó de abrírmelo. Algunas veces se sienta y me mira y parece que piensa: "Sin ti estaría perdido". Es entonces cuando le contesto: "No, estaría perdida yo si no os hubiera conocido a ti ni a Sekhmet".

Esta carta va dedicada a todos los gatos del mundo, sin excepción ni distinción de razas, color, tamaño o edad. Estoy orgullosa de poder afirmar que ellos me han salvado en todos los sentidos en los que se puede salvar a una persona. Gracias a Sekhmet por enseñarme a amarlos. Gracias a Raúl por devolverme la confianza perdida. Y gracias a tantos y tantos gatos que hay en el mundo. Caseros, callejeros, abandonados, ricos, pobres, pequeños, grandes, de raza, mestizos, enfermos... Va por ellos. ¡Que siempre triunfe el espíritu de los gatos!

18-10-2002