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Comunicación gatuna

Martha

Nuestro angora de 15 años le comunicó a Tiny, mi gatita, que le había quitado un pajarillo herido a uno de sus vástagos. Esta fue y dio una vuelta por el lugar de los hechos, entonces vino a mí y me reclamó la presa capturada por su hijo.

Esta historia no le pasó al amigo del amigo del mejor amigo de la prima de mi amigo. Me pasó a mí misma y en mi casa. No es que vea muchas películas de ciencia ficción, es que realmente los gatos son superinteligentes.

Sucede que Toño, el hijo mayor de Tiny, atrapó a un pajarillo herido en una alita. Toño no era un gato malo, pero le gustaba jugar con las presas que atrapaba y pensé que lo mataría. No me agrada que mis gatos coman avecillas, pues estas son portadoras de muchos gérmenes. Por eso siempre los alimento bien, pero ellos tienen sus tendencias cazadoras.

Pues bien, Tiny se encontraba durmiendo debajo de una cama, su lugar favorito para descansar luego de dar de mamar a sus pequeños, y mientras tanto estos exploraban el jardín. Desde hace quince años tenemos en casa a un angora, Mimo. Cuando llega un gato nuevo al principio se muestra celoso, pero luego se hace inseparable de él y establecen una especie de lenguaje entre ellos.

Pues bien, Toño atrapa a este pajarito, se lo quito con sumo cuidado y lo pongo en una jaula hasta que se recupere del susto, porque no está herido. Entonces Toño me reclama su presa y yo hago como que no escucho y trato de distraerlo. Mimo entra corriendo en casa, lo seguimos y vemos espantados cómo le maúlla a Tiny, que sale de debajo de la cama y se va con Mimo al lugar donde estaba el pajarito. Tiny viene en seguida a mis pies y me maúlla, pero como no le hago caso me raspa suavemente los pies con la patita derecha. Le hago creer que la ignoro y ella maúlla más fuerte y da muchas vueltas delante de mí. Luego Mimo la imita. Les doy un muñequito de tela parecido al pajarito, pero ellos lo dejan de lado y continúan con sus reclamos. Por fin parecen poner su atención en otra cosa y me dejan en paz.

Protegiendo al pequeño

A mediodía vino un amigo a buscar un gatito. Es que Tiny, aparte de Toño, que tenía ya nueve meses, había parido a tres cachorros más, y yo había regalado uno porque no podía tenerlos a todos. Tiny había salido a pasear mientras Toño dormía plácidamente, pero Mimo se mantenía vigilante. Me vio cuando entregaba el minino y tan pronto como Tiny regresó a casa se lo contó todo. Ella buscó por toda la casa e incluso organizó una búsqueda en el jardín, de modo que cada gato revisó una esquina del jardín maullando.

Yo dormía la siesta y desperté con los maullidos de Tiny. Se acostó sobre mi pecho; tenía los ojos húmedos y lamía al gatito como pidiéndome que lo conservara. Así lo hice, y conservé a ese gatito hasta su muerte. Yo también lloré y le prometí no volver a regalar a sus hijos y a esterilizarla.

Tiny salió la primera mañana de septiembre y no regresó más; pensé que se había enojado conmigo o que estaba buscando a su gatito. A los cinco días desapareció Toño y también pensé que estaba enojado. Luego descubrí sus cadáveres; habían sido envenenados por personas que odian a los gatos. Mi otro gato tenía cuatro meses cuando esto ocurrió y dos meses más tarde lo perdí por enfermedad. Murió en mis brazos y nuestro querido Mimo pasó cerca de una semana sin comer. A Mimo lo hemos podido conservar porque le pusimos un collarín y lo atamos para evitar que fuera asesinado.

Tengo muchos recuerdos agradables y sorprendentes de estos gatos, pero ya será en otra historia donde cuente más de sus sorprendentes acciones.

21-11-2002