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Cómo llegué a tener a mis adorables gatos

ArWeN_Sevilla

Todo comenzó el día de mi quinto cumpleaños, todavía lo recuerdo tan bien como si fuera ayer. Mi abuelo me regaló cinco mil pesetas y le dijo a mi madre que fuese al centro comercial a comprarme un gatito con el que yo tanto soñaba...

Nos pusimos marcha mi mamá y yo al centro comercial más cercano y vimos una urna llena de gatitos siameses. Mi madre escogió a una muy chiquita, la más desvalida, que parecía bizca y todo. En un principio comenzamos a llamarla Sami pero nos ignoraba completamente, y notamos que le gustaba mucho más cuando la llamabamos Chica. Muy linda y juguetona, con cuerpo de modelo, con el pelaje todo clarito y las manchas de los siameses, sus característicos ojos azules...

Pasaron un par de años y mi abuela se encaprichó en regalarle una gata a mi tía. Un amigo de la familia tenía una pareja de gatos ragdoll le dio una cría a mi abuela, pero mi tía quería un gato, así que yo me quedé con ella. Era muy esmirriada, se le notaban las costillas, toda bizca, con los pelillos (más bien pelusillas) tiesos. Así que debido a su tamaño la llamamos Chispita y terminamos diciéndole Chispi.

Chica terminó adoptando a Chispi como hija suya, hasta tal punto que le daba de mamar y todo. Incluso le arrancó un pezón al intentar mamar y no sacar nada...

Pasado un tiempo fuimos a regalarle un machito a mi tía, otra vez al centro comercial, y de nuevo la urna con los gatitos siameses, pero uno nos llamó realmente la atención: era un macho siamés plateado y tenía los ojos enfermos, llenos de infección y totalmente cerrados, así que nos dio tanta pena que nos lo llevamos a casa para curarle.

Le pusimos Michu, y ahora viene lo mejor: un macho con dos hembras todas para él, dos hembras hermosas y saludables, caseras y en celo... Así que Michu empezó a hacer de las suyas. Tuvimos que caparlo, porque cada dos por tres las gatas pariendo gatitos por doquier, que dimos a amigos de la familia que sabíamos que los cuidarían bien.

Nos quedamos con uno que era hijo de Michu (el siamés plateado) y Chispi (la ragdoll). Tenía unos ojos enormes azules y un pelaje largo y suave más bien oscuro, tipo siamés, sobre el que le resaltaban un barbaridad los ojos. Era precioso. Lo llamaron Pom-Pon porque parecía un pompón de pelo.

Era muy asustadizo, siempre andaba por los rincones de la casa escondiéndose, y a los desconocidos los saludaba con un desagradable pffffffgg!!!. Pero no era agresivo, solo que se asustaba demasiado.

Una mala mañana llegué del colegio y lo encontré muy decaído en la caja donde hacen sus cosas. Me fui hacia él y lo levanté, pero se caía, no se sostenía de pie.

Lo llevamos al veterinario. Nos dijo que era posible que tuviese un tumor en la vegija, así que le puso una inyección para que soltase el líquido y dijo que lo llevasemos al día siguiente. Pero Pomponcito no despertó, murió esa misma noche, tan de repente. Lo que me consoló un poco fue que murió dormido y no sufrió... o por lo menos no se quejó, animalito tan bueno que era.

Nos dimos cuenta al cabo del poco tiempo de que Chispi estaba embarazada ¡y Michu no era el papá porque ya estaba castrado! Fue Pomponcito que antes de morir dejó su recuerdo. Era un sensación de tristeza y alegría a la vez. Tuvo a cuatro maravillosos gatitos, dos hembras y dos machos. Pero mi madre dijo que solo podía quedarme con uno, y con mucho dolor elegí a un macho que tenía una mancha blanca en la nariz.

Le pusimos Mini porque era a lo único que respondía. Era el rey de la casa, todo el día corriendo de aquí para allá; me mordisqueaba la almohada y me sacaba las esponjas del interior, jugaba con mis pies mientras yo intentaba dormir.

Le enseñé a jugar con los imanes del frigo, porque era tan grande que cuando se ponía de pie llegaba con la pata a darle a los imanes. Se metía en la lavadora para hacer gracia, y por las mañanas se iba con la primera que se levantase hacia la cocina para que le diéramos una taza de leche o una lata de atún. Cuando quería mimos solo tenia que maullar y ya estaba en brazos de alguien; era un consentido, un mimado.

Bien, pues ayer se me mató. Estoy fatal porque ya no escucho sus maullidos. Chispi lo llama sin cesar, nada más hace que buscarlo y buscarlo. Tenia unos dos años y medio y era la bondad en gato. Cómo lo extraño, y solo hace un día que no está... Fue por culpa de la ventana, estaba abierta y como era tan juguetón se subió para ver los pájaros y resbaló ocho pisos abajo.

Te quiero, Mini, siempre estarás conmigo en mi corazón. "No queda más ahora que para siempre decir adiós, mas el feliz recuerdo jamás se olvidará".

06-08-2004