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Canelita

Pauli

Ayer se murió mi gatita Canela, mi amiga. No solo estoy dolida porque se murió, sino por cómo fue y cómo sufrió. Y todo por mi manía de juntar cuanto perro veo abandonado y traerlo a casa. Ella adoraba a todo perro que venía, y como vi que este era tan manso y se llevaba bien con los míos nunca pensé que odiaría a los gatos.

Era un perro policía inmenso que ya hacía como dos meses alimentaba en la calle. Lo tenía ya ubicado, pero como había que vacunarlo y no podía llevarlo enseguida y ya otro señor lo había agarrado y lo tenía atado en una situación muy lamentable decidí llevarlo a casa (en el intermedio pasó por dos casas más que no lo quisieron especialmente por lo que comía).

Así termino en casa y mi gatita, confiada, terminó en sus garras. Yo saqué fuerzas de no sé dónde para abrirle la boca al perro, que pareció irse pero volvió a atacar, y ahí ataqué yo al perro abriéndole la boca hasta lastimársela.

La gata quedó muy herida con fractura en la boca. Los tres primeros días lo pasó mal y yo velando y no durmiendo con ella a base de sueros y calmantes, pero había que decidir operarla o nunca iba a comer. Se operó, pero ahí su verdadero sufrimiento. Con el aparato que le habían puesto y los efectos de la anestesia vivía golpeándose contra el suelo, y a pesar de las precauciones de vaciar una pieza para ella igual se enganchaba con ese armatoste.

Esa noche puse un colchón en el suelo y una veladora bien bajita y durmió toda la noche en ni panza. Yo, semisentada, cuando veía que se quería mover la acomodaba, pero no cerró los ojos en toda la noche, me miraba y a veces me daba un maullidito. Ese fue el único momento en que se quedó tranquila y sentí que se le empezaba a tranquilizar el corazón.

A la otra mañana yo estaba zombi de no haber dormido, pero quería seguir cuidándola. De a ratitos quedaba sola cuando me parecía que estaba tranquila y ahí la sentía gritar (no maullar). Yo corría y la encontraba exhausta, golpeándose o enganchada su pata al aparato.

Al mediodía murió y la tristeza que siento es imposible de transmitir. La quería tanto tanto. En este momento en que estoy en la computadora seguramente estaría en mi falda durmiendo. Tengo seis perros y tres gatos hijitos de Canela y a todos los adoro y todos se quieren entre ellos (perros y gatos), pero la relación que Canela tenía con mi esposo y conmigo era especial. Una siamesa superdulce, la mejor anfitriona de cada animal que llegaba, fuese lo que fuese: por unos cuantos días los seguía y les daba besitos, y cuando algunos perros se asustaban y salían corriendo ella se les iba detrás hasta que los conquistaba. Pero nadie contaba que este último odiaba a los gatos.

No quiero echarle la culpa al perro porque es un animal y no sabe lo que hace, pero nunca más voy a traer a un perro de la calle para recuperar y luego ubicarlo.

Mi gatita adorada, cómo voy a extrañar tu compañía, tus mimos, tus ojos azules que me miraban con mucho amor, el salir a caminar y vos siempre conmigo, el amasar en tu frazada predilecta, el solo llamar "Cany, Cany" y tenerte a nuestro lado estuvieras donde estuvieras, el juego de todas las tardes que teníamos con Gerardo, cuando te sentabas en su falda y al rato te decía "anda con Paula" y te venías conmigo, y yo después hacía al revés. Y nosotros orgullosos de cómo entendías; se lo mostrábamos a cuantos venían a casa y de veras se admiraban. Lo hacías unas cuantas veces, luego nos mirabas como diciendo "bueno" y ya te quedabas en una falda y no te movías.

Tenías actitudes de perro, pero eras la gata más dulce que conocí, hasta tu maullido (no eras muy maulladora) era tan dulce y frágil. Y lo que te gustaba andar en auto. Más de una vez amigos o gente que venían a casa y dejaban la ventanilla abierta tuvieron que darse vuelta a traerte, y vos pancha dormida debajo de un asiento o en la parte de atrás.

Mi dulce Canela, ya te estoy extrañando tanto. Fue todo tan injusto que no me voy a perdonar nunca el haber traído a ese perro y no haber tomado las precauciones. ¡Tanto que yo te cuidaba! Si me iba unos días por ahí todas las recomendaciones eran para vos: que no quedes de noche afuera, que ella come la carne picada de tal forma y a tales horas, galletas a tales horas, la leche de mañana y de noche infaltable, en invierno la estufa bien cargada.

Y la perra Camila va a extrañar tus mimos, ya que ella apoyaba la cabeza donde vos estabas y vos la lavabas, y cuando terminabas te pesoteaba para que siguieras poniendo la cabeza más cerca. Y así estaban ratos hasta que vos te enojabas y te ibas. Y tu gatita, que cuando hacía rato que no te veía y vos aparecías te empezaba a maullar y a lavar. Increíble que con cinco años a veces aún mamaba, hasta que te aburrías y te ibas y ella te seguía atrás.

Realmente el no tenerte va a ser mortificante. Aún estoy con el cansancio de los días pasados y tengo tu sufrimiento metido. Desde ese martes hasta hoy apenas he comido, es como si se me hubiera cerrado el estómago.

A cada rato llamaba alguien para ver cómo estabas, e incluso una amiga te hacía Reiki (no sé si se escribe así) a distancia. Era tanta la gente que te quería que tenías a un pueblo preocupado y no solo nosotros lloramos con tu muerte. Lo peor de todo es que moriste de dolor y sufrimiento y no te merecías esa muerte. Siento tanta impotencia, siento tu falta, tengo tanto dolor que ni todas mis lágrimas me van a curar.

Nunca nunca te olvidaré. En cierta forma eras mi hija, ya que llegaste a mi vida después de perder un embarazo, justo el día que tenía marcado para tener familia.

Chau mi gata dulce, suave, linda, porque eras preciosa y mi mejor amiga. Cuidaré a tus hijitos. Los tres te van a extrañar cuando dormían todos como si fueran uno. Todos te vamos a extrañar. Sé que el tiempo lo cura todo pero ahora estoy desecha, si no estoy llorando tengo un nudo en la garganta y cada vez que llama alguien o vienen a verte y tengo que contar que ya no estás parece que me muero.

Nunca voy a olvidar a mi querida y especial Canela, "Cany". Me pregunto mil veces por qué te tuviste que haber muerto. Es muy injusto, porque si hubiese sido por vieja, pero no; eras frágil y por eso tenías cuidados especiales. El único consuelo es que no sufrís, que hice todo lo que había que hacer, que te di mimos a más no poder en toda tu vida, te consentí... Eras la dueña de la casa, vos elegías dónde dormir, dónde sentarte, qué comer y en la falda de quién querías estar. Pero no es consuelo del todo; todavía faltaba para darte más, mucho más.

01-12-2003