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Adiós, Curruñis

Doke

Quiero contarles sobre una gatita que adoptamos mi esposa y yo. Realmente era la gata de un vecino, pero prácticamente vivía con nosotros. Tenemos una gata llamada Chispita, que al principio no congenió con la recién llegada, pero al final la aceptó y era su mejor amiga gatuna.

A la gatita nueva le pusimos por nombre Curruñis, por una telenovela que mi esposa veía. Era una gatita superinteligente y vivaracha..., y digo era por lo que ocurrió en octubre pasado: Curruñis vivía con nosotros y también dormía con nosotros, pero una noche quiso salir y nosotros la dejamos ir.

Como a las 2 de la madrugada mi esposa me despertó porque escuchaba los maullidos de la Curru (cuando quería que la dejáramos entrar nos maullaba por la ventana), así que me levanté y al salir la encontré tirada y convulsionándose. ¡La habían envenenado y estaba agonizando! Los gritos de la pobre gatita me llegaban hasta el alma misma. Grité a mi esposa que trajera una toalla y la metimos a la casa. Mi esposa la abrazó como cuando se abraza a un niño y le hablaba suavemente: "Ya mi niña, ya mi cielo", y la gatita se tranquilizó. Pero seguía convulsionándose, así que saqué leche del refrigerador y le dí con una cucharita. La leche estaba fría, así que se la calentaba en la boca y luego de la daba. Por la hora no podíamos salir a buscar un veterinario y sólo esperábamos que ocurriera un milagro, ya que la gatita tenía los ojos abiertos y vidriosos. Media hora después comenzó a respirar con mucha dificultad y empezamos a pensar que lo peor podía pasar.

Mientras tanto Chispita se acercaba para olerla y lamerle las patitas. Así estuvimos por hora y media hasta que de pronto Curruñis dio un estirón fuerte y luego aflojó todo el cuerpecito. Cuando mi esposa la tocó dejó escapar un gruñido que sonó como a despedida. Permanecimos varios minutos viendo el cuerpo inerte y después la arropamos y la metimos en la caja donde le gustaba jugar. Ya no pudimos dormir y pasamos lo que quedaba de madrugada abrazados y llorando los tres: mi esposa Mirna, Chispita y yo. A la mañana siguiente la sepultamos en un solar abandonado, al que pusimos el nombre de "Territorio de Curruñis".

Me ha costado trabajo reponerme, porque soy un ser bastante sentimental. Sin embargo Chispita se ha encargado de darnos consuelo.

Curruñis: que la estés pasando bien en el cielo de los gatos.

30-12-2003