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A mi inigualable gatita Alvin

Rodrigo Sebastián Hidalgo. Avellaneda, Buenos Aires, Argentina

El mes pasado murió mi gatita, llamada Alvin. Salió junto a su hermana, llamada More, de la panza de una gata que yo tenía hace tiempo, hace aproximadamente dos años. Una era muy blanca y más peludita, Alvin, y la otra negra y de pelo más corto, More. Después de muchas indecisiones, idas y vueltas, mi novia y yo decidimos quedárnoslas a las tres. Nunca pensé que iban a llenar tanto de cariño y compañía la casa...

AlvinAlvin y More comenzaron a crecer. Renegábamos mucho con ellas, ensuciaban mucho, adentro estábamos constantemente atrás de ellas para enseñarles que fueran al jardín trasero de la casa, como ya había aprendido hacía tiempo la mamá. Pasábamos lindos momentos viéndolas jugar juntas. Seguían creciendo cada día más, aunque a pasos más acelerados Alvin que More, ya que More salió más a la mamá, mucho más flaquita.

Empezaron los primeros retos y enojos de mi parte cuando se querían afilar las uñas en el somier de la pieza y meterse en la funda que está debajo del somier con el riesgo de romperla toda, colgándose del colchón para subirse a la cama, ya que todavía no les daba la altura.

Poco a poco fueron independizándose. Ya salían por la ventana de la cocina al jardín trasero y nunca más ensuciaron dentro. Alvin tomó un pelaje tupido, en un 80% blanco, mientras que More no crecía mucho y era el hazmerreír de nosotros, aunque la queremos muchísimo... Llevamos a castrar a More primero y después a Alvin y la mamá; quedaron mucho tiempo con una parte lateral pelada, ¡estaban muy feas pero muy graciosas!

Un día les pusimos unos collares con cascabeles, color plata para la mamá, otro igual para More y uno rojo para Alvin. También intentamos al poco tiempo bañarlas a las tres. ¡Qué linda y trágica tarde! La primera fue More, obviamente a los gritos. En un balde la enjabonó mi novia y la secamos, pero eso era solo el comienzo... Le tocó luego a Alvin... Fue un constante maullido quejoso que no paraba, creo que casi ni se la pudo lavar muy bien, mucho menos secar bien; salió disparada y con actitud de enojo que le duró varios días.

Alvin era de mucho comer; siempre pedía, pedía y pedía. Cuando cenábamos o almorzábamos les dábamos a cada una porciones chiquitas de lo que estuviéramos comiendo, doble para Alvin, pero aun así comía todo muy rápido como aspiradora y se acercaba sigilosamente hacia More o la mamá y con la patita estirada les sacaba la comida. ¡Las palmadas y retos que habrá recibido! Era un barril sin fondo.

Alvin y MoreTodas las cosas que tenía de exceso las tenía de cariñosa. Cualquier persona que viniera a ella le venía bien para que le diese unas caricias, y bastaba que nosotros le dijéramos "¿querés mimos?" para que se pusiera en dos patas y estirara la cabeza para tocarnos la palma de la mano; se refregaba en nosotros y al hablarle nos respondía a cada palabra con un "meeeeu"...

La mamá siempre fue muy trasnochadora e independiente. Salía y volvía por la tarde. A veces pasaban horas sin que apareciera, pero en algún momento siempre estaba de nuevo con nosotros.

Alvin y More estaban todo el día juntas, jugaban, se peleaban, y hasta se han rasguñado peleando, momento en que yo las corría retándolas ¡y no les daban las patitas para correr! Todas las tardes salían al jardincito de adelante de la casa, donde pasaban horas en el césped o debajo de un pinito enano, más que nada Alvin, a quien le encantaba camuflarse entre el césped cuando este crecía un poco, creyéndose que no la veíamos cuando salíamos al jardín a buscarla.

Enfrente de mi casa hay un jardín maternal. Desde hace más de un año More y Alvin salían todas las tardes al jardín y eran el atractivo de muchos chicos. Cuando los papás los venían a buscar, era paso obligatorio ir a tocar a las gatitas de la casa de enfrente. Como esta casa está en un par de cortadas muy tranquilas, hasta muchas veces salían a la vereda cuando lavaba el auto o arreglaba algo de este. Y a menudo, en esas ocasiones, se enfrentaban con algunos perros de la cuadra, y se les ponía con todo el lomo erizado al aparecer estos.

A las gatitas las conocía todo el mundo: el mecánico de la esquina, la mayoría de la gente de esta cuadra. Muchos se encariñaron con ellas, ya que son excesivamente mimosas. Uno entraba a la casa y ellas cual vigilante salían corriendo al jardín de adelante a revolcarse en el césped, para luego maullar y maullar para que le abriéramos la puerta. La mamá tenía una técnica bastante eficaz: ¡saltar al picaporte!, y muchas veces logró así abrir la puerta. Alvin también lo quería hacer, pero por una cuestión de peso nunca pudo, y menos More, que era más flaquita.

AlvinÍbamos a entrar a mediados del mes de abril de 2009. Un día martes Alvin desaparece por la tarde; por la noche, al ver que no regresaba, reviso en la terraza, doy varias vueltas por la manzana de mi casa y la de enfrente, sin encontrarla, pero con la esperanza de poder verla al día siguiente. Quizás hubiera ido por algún techo y volviera al otro día, cosas que no hacía nunca, pero... podía pasar.

El día miércoles, cerca del mediodía, y al ver que Alvin no regresaba, doy nuevamente vueltas a la manzana y reviso veredas y demás, ya con un poco de tristeza al ver que no aparecía. Por la tarde voy a la casa de mi novia, y me quedo a dormir allá. El día jueves al regresar a mi casa me llevo una enorme alegría al verla en el jardín junto a More, maullando para que le abra la puerta, y ni bien entro y le digo: "qué suerte que volviste, querés mimos", sin dudar levantó la cabeza y parándose en las dos patitas traseras comenzó a hacerse mimos con la palma de mi mano y a dar vueltas sobre mis piernas, como solía hacer cuando cocinaba y tenía que esquivarla para no caerme. Hasta ese momento nunca supe dónde había estado, pero lo importante era que volvió.

Entramos a la casa y le hice muchos mimos, subió a la cama con More luego de muchos mimos y maullidos y se durmieron un buen rato hasta que llegó la hora de la salida de los chicos del jardín, momento infaltable para ellas, para que les hagan mimos y las vean. Más tarde llegaron unos amigos, ¡y Alvin infaltable como siempre entre todos nosotros, viendo si podía ligar además de mimos alguna galletita o comida!

A las 19,30 h, Alvin sale nuevamente al jardín mientras nosotros seguimos dentro de la casa. Sobre una hora más tarde, al salir a despedir a mis amigos, encuentro a Alvin tirada en la calle, bañada en sangre en la cabeza, y a More sentada al lado maullando. En un primer momento no pude creerlo, no supe qué hacer, y la toqué con la esperanza que respirara y volar a un veterinario. Obviamente eso era imposible, aún estaba caliente, pero ya no estaba con nosotros; no entendí la razón de cómo la piso un auto, cómo... Si estaba acostumbrada a salir, a estar afuera.

Alvin y MoreLa saqué de la calle y la puse en el jardín. Seguí tocándola, quería que respirara, quería que se moviera, que hiciera algo. Sentí una enorme opresión en el pecho, una enorme tristeza como hacía rato no sentía por nada... More quería salir a verla, maullaba sin parar cuando la entré y la saqué de su lado. Entré a la casa, corté una sábana blanca y cavé un pozo al lado del pinito donde solía estar muchas horas acostada disfrutando del jardín; la envolví con la sábana y la tapé con tierra. En ese momento mi dolor fue mucho más intenso que haberla visto muerta, pensé que me moría yo.

Al otro día una vecina cercana me cuenta que un día antes la nieta la había traído envuelta en una sabanita y dejado luego en el jardín; estaba en una obra en construcción cercana y no podía bajarse de un andamio, por eso no había aparecido el día anterior.

Ese fue el último y triste día final que vivió el gato más maravilloso que tuve. No recuerdo haber llorado tanto y aún hoy, al cabo de los días, la sigo llorando al entrar a mi casa y no verla, que no me pida comida ni mimos. More la extraña, se sienta junto a su tumbita y queda mirando ratos largos. La veo muy aburrida y triste, ya no tiene con quién jugar...

En homenaje a vos, Alvin. Nos hiciste muy feliz, demasiado. No puedo parar de llorarte, tu hermanita te extraña, sale a cada rato al jardín a ver si volvés. Ahora esta arriba mío, tiene carita de triste. Te van a extrañar en la cuadra, los chicos del jardín, y yo horrores. Cuánto te voy a extrañar. ¿A quién le voy a decir "querés mimos"? Ojalá no hayas sufrido. ¡Jamás te voy a olvidar, Alvin!

Cómo un animal te puede dar muchísimo más que cualquier persona...

20-04-2009